miércoles, 23 de mayo de 2012

jueves, 17 de mayo de 2012

Metió la mano en el bolsillo


Metió la mano en el bolsillo izquierdo buscando unas monedas para comprar un paquete de chicles. Hacía un par de meses que se había separado, y aún las paredes de la casa le oprimían con tanta soledad. Giró calle abajo, paseando tranquilamente, se acercaba el invierno y la noche era fría y húmeda. El relente caído impregnaba en el asfalto un brillo especial, creando con las luces de farolas y letreros fluorescentes una combinación verdaderamente llena de gran belleza. Siguió masticando los pensamientos al mismo ritmo que machacaba el chicle, cada vez con menor sabor y mayor dureza, “igual que la vida”, pensó. Torció a la derecha, y en la esquina de Menéndez Pelayo y la calle Júpiter se encontraba una cafetería donde más de una vez tomó café. Miró hacia dentro y el ambiente reflejaba calidez frente al frío externo. De pronto, en una mesa lateral, al lado de los grandes ventanales, estaba ella con un grupo de amigos, se la veía feliz, sonriendo con aquella bonita sonrisa que seguramente enamoraría a otro del mismo modo que le enamoró a él. Esquivó rápidamente la vista, no fuera a verle y pensara que andaba observándola, aunque la hora le protegía, era más fácil ver de fuera a dentro que al revés, él estaba en penumbra y ella, a plena luz. Cuando sus pasos le fueron retirando de aquella imagen nostálgica intentó cambiar de pensamiento planeando algún proyecto para el fin de semana, pero unas ganas enormes de llorar estrangulaban su garganta y decidió, antes que llorar en público, volver a casa rápidamente. Subió la cuesta de Higuereta, aunque, le alejaba más, la tranquilidad de la zona le protegía de las miradas ajenas. Estos razonamientos fríos y calculadores fueron consiguiendo salvarle del humillante desahogo, antes de llegar a la intimidad protectora del hogar. El ascensor estaba otra vez estropeado, y aún le quedaban cuatro tramos de escalera con sus siete escalones cada uno, en los que el peligro aún acechaba si algún vecino se le ocurría, en ese momento, salir y verle lacrimoso inspirando terriblemente su compasión. No era eso lo que quería precisamente, pues hacía ostentación, por lo general, con el vecindario de haberse adaptado perfectamente a la nueva situación, hasta un tanto liberadora que pretendía representar. Para cuando llegó a la puerta, que aún tuvo que esperar a abrir, pues no encontraba las llaves hasta que las localizó en el bolsillo trasero del pantalón, cosa extraña, pues siempre las metía en el derecho de delante. El silencio de la casa y su espacio vacío le abofeteó así que encendió inmediatamente la tele, zapeó un rato hasta dejarlo en un programa de humor. Fueron todas estas cosas las que al final le alejaron totalmente el sentimiento depresivo que lo trajo urgentemente aquí. Decidió prepararse algo de cenar y sentarse a ver el animado programa. Puso la bandeja en la mesa del salón, cogió la mantita y se tendió cómodamente, con una agradable sensación de bienestar. Las lágrimas asesinas se fueron diluyendo con los pasos cotidianos de la vida, hoy había conseguido vencerlas, puede que otro día lo sorprendiera desprevenido. Hoy no.

domingo, 13 de mayo de 2012

La crisis


Acababa de sonar el despertador, por eso aún se removía entre las sábanas cuando escuchó un fuerte golpe en el cristal de la ventana. Se levantó sobresaltada. A tientas buscó con los pies desnudos las zapatillas, y el frío suelo la sacó definitivamente de la somnolencia entrando directamente y sin preámbulos en el mundo real.

Lo que fuera que había chocado en su ventana había dibujado en finas líneas un sol quebrando la lámina transparente. Aquella noche había dormido sola, él estaba de viaje, de vez en cuando hacía esas escapadas como maliciosamente ella llamaba a sus viajes de trabajo. La habitación estaba fría esa mañana, o tal vez era su mal despertar, o quizás su mal dormir. Cada vez le resultaba más difícil aquella situación de soledad, aquella distancia continua que poco a poco iba instaurándose en su relación.

Abrió la ventana, el sol de la mañana le dio directamente a la cara, como una bofetada sintiendo el ardiente picor en sus mejillas. Se inclinó mirando hacia abajo, buscando en la acera el arma homicida. Y allí yacía gris y blanco sucio aquel pequeño bulto de plumas. Una paloma, pensó, le pareció que aún estaba viva, pero fue una fugaz ilusión, provocada por el aire, que, además de los papeles del suelo, removía aquel sucio plumaje. Por si no estuviera su ánimo lo bastante decaído, la visión de aquella paloma muerta la sumió irremediablemente en un estado de pesadumbre y tristeza. Como punto a punto iban tejiéndose en su mente uno a uno los pensamientos negativos.

Él, tan lejos, la casa tan fría, su corazón tan solitario, la muerte del pobre pájaro, la vida tan vacía, las noticias de la crisis. ¿Qué llevó a la paloma hacia ese horizonte plano? ¿Qué reflejo le atrajo, estampando sus deseos por alcanzarlo? ¿Fue un suicidio tal vez, o acaso todo lo contrario? ¿Un intento de conseguir la liberación, la culminación de un deseo, la más auténtica manifestación de vida? Pensaba estas idioteces asomada a la ventana, sin mirar a nada en concreto, por eso, cuando fue al baño, y vio su reflejo en el espejo, sus mejillas estaban sonrojadas, pensó, por qué ella había ofrecido la otra mejilla. Se sintió derrumbada. Volvió al dormitorio, cerró la ventana. La imagen radiada del cristal roto parecía el dibujo de la viñeta de un cómic con la voz de crack. Así se sentía, su mundo roto. Enfrentarse al día con la que se venía encima. Desayunar con las mismas noticias del desastre económico, engullir apenas sin saborear la dulce mermelada de la tostada que se amargaba en su garganta, porque todo se rompía bajo sus pies, porque todo lo aprendido, lo acostumbrado, lo habituado, aquellos proyectos que un día planeó, que incluso llegó a alcanzar, aquellas ventajas hacia la felicidad, se iban cayendo como los trozos cortados de un folio, como aquel que soporta la desesperada manifestación de nuestros sentimientos y ahora sucumbía frágil a la fuerza de nuestros dedos descuartizándolos.

Crack, esa caída de ave sin vida, de los planes de nuestra edificación emocional, de los principios y derechos, de los progresos arrancados a la decadencia humana. Pero la utilización de estos elementos maliciosamente manejados nos destruye y sin embargo, si ves claro, si la transparencia es nítida, si deja pasar los colores, sin dibujar una imagen falsa, imaginaria, creada por nuestra mente o por otras mentes, la realidad se presenta clara y distinta, y un verdadero impulso surge para crecer y mejorar.

Las crisis son innatas en el ser humano, innatas y necesarias, innatas, necesarias e inevitables. El único modo de progresar.

Observó el espacio que la rodeaba con la conciencia plena distanciada de su ser. Vio los objetos, el espacio entre ellos, los vacíos falsamente interpretados, vacíos pues llenos de aire, de otras vidas, unidos unos a otros, dejando otros pequeños espacios habitables, los elementos que configuraban su mundo. Y sintió su cuerpo, escuchando su corazón, sentía la sangre correr por sus venas, saboreó el aire entrando por su boca, mezclado aún con los restos del amargo café aún agarrados a sus papilas gustativas. Se descalzó para sentir el frío suelo. En un impulso del aire saliendo de sus pulmones brotó de su garganta un rotundo y enérgico “sí”. Era dueña de su crisis, era la protagonista de su existencia. Tras la muerte hay una nueva forma de vida. No iba a permitir vivirla sin dignidad, se sentía con fuerzas para seguir luchando, poseía la verdad y no seguiría mintiéndose, ni dejarse engañar.

Descolgó el teléfono, tras seis largos tonos, escuchó su voz:

- Alfonso, debemos hablar.

Una mañana cualquiera


La mañana exhalaba ese aire exultante, efervescente de la adolescencia del tiempo atmosférico. Antecedentes estivales, mezcla de calidez y brisa fresca de los últimos días primaverales. Días que dejan intuir el juvenil ardor, el clímax metereológico de la próxima estación.

Aún el cristal frontal del coche, allí donde no habían llegado los rayos hirientes de un voluptuoso sol, se hallaba cubierto de una fina agüilla y el rocío marcaba de purpurina un mar de flores en el campo, con ese espectacular goce para todos los sentidos y también el común, el más alterado de todos, lanzándote a una piscina de ilusión y esperanza que solía secarse con la triste melancolía de los primeros días que ya advierten que se acabó lo que se daba. Pasó el verano entre sofocos, viento de levante y absurdo fluir vital, engañándote una vez más, porque la vida es lo que es, una sucesión continua de días y noches, de días buenos y malos, de buenos y malos momentos, un ir y venir de haceres y deshaceres.

El coche reaccionó con un ronco hablar al chispazo que provocó la llave en el contacto. Dejó los niños en el cole como quien deja la ropa en la lavandería, con la certeza de que te la devolverán limpia y planchada. Metáfora que sólo nos sirve para el plano pedagógico, porque de este espacio de formación de seres humanos suelen salir más bien guarretes y desarreglados.

De vuelta a casa, se encontraba ante el desastre que se extendía en el plano rectangular de la mesa, donde entre restos del desayuno pululaban los botes de cereales, café y cacao, tazas y servilletas sucias; las ropas abandonadas, esparcidas por las sillas y ese café maravilloso que ayuda a disfrutar aún más la crujiente tostada. La televisión, con su dosis diaria de temas políticos y sucesos. Sucesos a los que nunca llegaba hastiada ya de tanto morbo, de tanto presentador frotándose las manos ante la perspectiva de horribles asesinatos, corruptos e indeseables personajes. Noticias que ayudaban a rellenar estas mañanas monótonas y tristes de la gente. De ella no. Ella aunque triste no quería dejarse contaminar por tanta basura.

Cuando entró en el salón aquello parecía la entropía del universo, donde distintas galaxias funcionaban dentro de un perfecto mecanismo. Entre cojines y mantas revueltas se percibían tres mundos distintos, donde simultáneamente la noche anterior habían quedado los restos de una orgía, el espacio de la abuela y el caos de una avalancha de críos inquietos.

Recogió como pudo todo aquel desastre, puso el cd de un Bob Dylan que parecía copiarse a sí mismo, aquella canción parecía Like a Rolling Stone, sonaba parecido a Like a Rolling Stone, pero no era Like a Rolling Stone. Cambió a un Van Morrison tal vez anodino hoy. No acertaba y aunque los dos fueran sus cantantes favoritos, decidió no poner música.

En el dormitorio miró por la ventana, un par de mujeres caminaban a paso ligero, un chico paseaba un perro enorme, algún coche cruzaba el espacio de carretera que quedaba a la vista. Inspiró de nuevo el aire de aquel espléndido día, como si sólo en ese momento hubiera decidido respirar, y antes, sólo se mantuviera en un estado entre aletargado y vegetativo.

Llamaron a la puerta, era la vecina de al lado, agitada y llorosa. La hizo pasar una vez más, siempre recurría a ella. Tenía quizás ese don tan preciado y escaso que es saber escuchar. Sentadas en la cocina, le relataba su gran tragedia, se había peleado de nuevo con el novio. Una vez más, su impulsividad desembocaba en arrebatos de gritos que solían traspasar las finas paredes de su tabique. Y es que él… y entonces yo… Y es que no sé cómo controlarme. De nuevo la tranquilizaba y le aconsejaba lo típico que había escuchado. No discutas cuando estés alterada, cálmate, cuenta hasta diez y luego intenta poner las cosas en su sitio, dialogando y haciéndole saber qué te ha molestado. Pero tranquila, sabes que cuando estallas acabas perdiendo los papeles y después, ya ves, te sientes fatal y culpable. Después de este pequeño tirón de orejas, le quitaba hierro al asunto. La recolocaba de nuevo en una tranquila armonía, la desculpabilizaba, estimulaba su autoestima y la calmaba con las palabras que sabía que quería oír. No te preocupes, ya sabes que cuando vuelvas se le habrá pasado el enfado y os daréis cariñitos. Le sirvió una tila y poco a poco acabaron hablando del maravilloso día.

La mañana avanzaba y el dulce aire cálido se fue convirtiendo en un tórrido día primaveral. Escuchó el timbre sonar y sonar en la puerta del vecino de arriba. Alguien se obstinaba en ser recibido y no se resignaba ante una puerta cerrada.

Aún quedaban algunas cosas por hacer, y también algunas horas. Al fin dejó de escuchar el timbre de arriba. Se rindió ante la evidencia y ella siguió llenando el día.


viernes, 11 de mayo de 2012

martes, 1 de mayo de 2012

Abre los ojos…. y piensa



En un mundo inhóspito, donde desconocemos las alimañas que nos acechan, no queda otra que unir fuerzas, para reconocerlas y luchar enérgicamente contra ellas.

Merlovier


En los servicios de la empresa, la empleada de mantenimiento escucha una conversación entre el presidente de la compañía y un tal Jeffrey. Se encuentra en el cuarto de la limpieza. Había dejado la puerta entreabierta mientras cogía un estropajo del armario. Con la luz apagada, conoce bien el lugar por donde trastea a diario y tantea con la palma de la mano. Los que hablan ignoran que se encuentra allí. Espera dentro para salir cuando se marchen. Sería violento si estuvieran en los urinarios. Está preocupada de que se den cuenta de su presencia y permanece callada y oculta, no por cotillear, más bien por vergüenza. Es una mujer sin estudios, pero comienza a entender pronto que algo se traen entre manos. Algo que apenas comprende, pero que su imaginación intuye secreto. Poco a poco la conversación toma unos tintes extraños, como de ciencia ficción. Hablan de “partir al paraíso”.

- Lo mismo nos montamos una crisis que una guerra, Jeffrey, así que no te preocupes por los pormenores.
- Señor, eso que usted llama pormenores, puede complicar las cosas.
- Te equivocas, Jeffrey, nadie podrá con nosotros. Y el que se pase de listo, ya sabes, tenemos nuestros recursos.

Jeffrey sabía de qué hablaba, alguna vez le tocó ser intermediario de esos “recursos”.

- Señor, ¿qué hará con el primer ministro?
- A ese meapilas no se le dice nada, es un gilipollas y lo puede estropear todo. ¿No ves que ni siquiera sabe leer los discursos que se le escriben? Más de una vez nos ha metido en apuros. Menos mal que lo tenemos todo controlado y la gente, ya sabes cómo son. Se les engaña fácilmente.
- Señor, ¿qué hará con el primer ministro francés?
- Ese imbécil dice que teme por su familia, no quiere arriesgarse. Pero no me preocupa, la gente que tiene mucho que perder no son para mí ningún problema.
- ¿Y del vicepresidente?
- ¡Claro! ese será el que lea el discurso donde nos daremos las claves para partir. A ese lo necesito, Jeffrey, donde vamos también necesitamos esclavos. Por eso vienes tú.

Y soltó una desagradable carcajada. Comenzaron a lavarse las manos. Ella sentada en el suelo oía todo incrédula y algo perdida.

- Jeffrey, tú no has estado allí, ¿no?
- No señor. Supervisé los planos y he seguido todas las obras a través de los satélites, la verdad es que está aquello precioso.
- Más que precioso, Jeffrey, es realmente un paraíso. Hemos construido el cielo, nunca mejor dicho. Mejor que el divino. Ha costado, pero gracias a esta población mundial –y con voz jocosa-, a esta dura crisis, nos hemos montado el mejor mundo del universo. Ya ves, tan fácil. Tuvimos que dejar de hablar de viajes a la Luna para no levantar sospechas, preparar el nido de la gallina de los huevos oro, dejamos que creyeran las enormes dificultades físicas y tecnológicas. Los recortes de presupuesto, el poco interés que suponía para la ciencia… Ofrecimos a nuestros amigos científicos sus juguetitos para meterse en sus laboratorios. ¡Bendita crisis, Jeffrey! ¡Cuánta felicidad nos ha aportado! Estuve allí el fin de semana pasado, con mi mujer y es alucinante. Ya verás, vas a vivir de puta madre. Y ya sabes, no tendrás problemas de chicas, llevamos un buen cupo.

Tras una risita ridícula hubo un silencio.

- Aquella tonta se pasó de lista y ya sabes cómo acabó. Se lo buscó. Lástima, tan joven y se suicida.

Se tapó la boca horrorizada. Hasta ahora todo le pareció una historia irreal, pero esto era ya algo más peligroso. Estaba en juego un secreto, en el que no todos podrían entrar y aquellos que lo descubrieran pagarían con su vida. O esta valdría tan poco que desearían morir.

- Jeffrey, coge un puro. Celebremos el próximo día D.
- Señor, ¿cuándo lo comunicará el vicepresidente?
- Bueno, todo está preparado para el 25 de abril. La fecha se comunicará para los miembros del club camuflada en el discurso que dará informando sobre los datos del paro. Cuando diga, ha aumentado un 4%, será la hora y en otros detalles dará el lugar.
- Señor –contesta Jeffrey soltando un soplido-, ¡qué buen puro!
- Jeffrey, allá podrás fumarlos donde quieras, vamos al paraíso, sin nuestras normas, sin nuestro control, sin nuestras leyes y restricciones, sin nuestros juegos y chantajes, ni amenazas, un mundo lleno de placeres y libertad. El infierno debe seguir aquí para que nosotros podamos vivir allí como dioses. ¿Crees que soy malo, Jeffrey?
- Señor, por favor, las personas inteligentes como usted son muy necesarias.
- Vamos, vamos Jeffrey, no me pelotees, ya sabes que te vienes con nosotros.
- Es un honor el que usted me hace.
- Inventamos conflictos y enemigos y nos los quitamos del medio sin más. Cuando nos conviene los hacemos invisibles y los linchamos ante la opinión pública si es eso lo que nos conviene. Verdades entre mentiras, creamos la duda, la incertidumbre. Generamos impotencia, inseguridad, inventamos odio o reforzamos los que están y conseguimos la indefensión aprendida. Querido Jeffrey, si lo llegamos a planear no nos sale mejor. Contamos con el mejor ejército que jamás se haya tenido, sólo con imágenes y sonido y pocas palabras colocadas estratégicamente y voilá, todo bajo control. Si se descoloca alguna pieza se distrae al personal, se deja de hablar, se busca tema y la gente como si nada. Se lo traga todo, todo, todo. Oh, Jeffrey, siento el orgasmo del poder total.
- Señor, es usted como Dios.
- Querido, ¿quién es ese?

Y volvió a soltar esa carcajada entre ridícula y prepotente que le heló la sangre, sintiendo un escalofrío. Sabía a pesar de su ignorancia, que estaba siendo testigo secreto de algo de suma importancia. Una realidad peligrosa que se movía entre la gente como un gas tóxico sin olor, ni sabor, ni color que provocaba muertes, a veces físicas, a veces no, pero que iba destruyendo la vida por la avaricia de unos pocos. Iluminados, cegados de poder.

- Hijo de pu…

Se tuvo que morder la lengua. Se escuchó cerrar la puerta. Aguardó aún varios minutos. Tenía la cara tapada con las manos, ahogando un grito de horror. No sabía si creer lo que había escuchado y le parecía todo aquello una pesadilla. Aturdida, salió, pasó la mopa, secó los grifos que estaban llorosos y mojó los puros que habían dejado sobre la encimera del lavabo para apagarlos.

- ¡Qué desprecio a todo! – pensó - . ¡Qué gentuza! Y estos bestias son los que mandan. Dios mío, ¿por qué nos has abandonado a estas alimañas?

Se dijo hacia dentro mirándose al espejo. Las lágrimas poco a poco brotaron de sus ojos y acabó en un sollozo ahogado con el agua que echaba sobre su cara.

Cuando recogió fuerzas de todo su cuerpo, con precaución salió de allí. A duras penas acabó la jornada. Cuando llegó a casa se lo contó todo a su marido, a borbotones. Lo soltó todo.

- Eso son tonterías, estarían contando alguna película.

Y le quitó importancia

- ¿Qué crees, que soy tonta?

Le insistió, le lloró, le suplicó que la creyera. Al final la abrazó, la comprendió, pero la miró a los ojos y le dijo

- ¿Qué podemos hacer, pobres de nosotros? ¿Quién nos va a creer? ¿A dónde podríamos ir que nos tomen en serio?
- A un periódico
- ¿A un periódico? ¿Estás loca? ¿Qué crees, que esta gente no controla los medios de comunicación? ¡Qué ingenua eres! Entrarías allí, contarías todo, se reirían en tu cara y a las pocas horas alguien llamaría a casa y no quiero pensar qué sería de nosotros.
- Bueno, pero ¿alguna persona decente habrá por ahí, no?
- Sí, claro, pero ¿quién? No se distinguen por la ropa. Ni llevan ningún distintivo. Es jugársela a una sola carta. O ganas o pierdes. ¿Te fías de esa gente?
- No, no puedes imaginarte el miedo que pasé allí temiendo que me descubrieran en cualquier momento.
- Pues entonces, no podemos hacer nada.
- Pero habrá alguien, un lugar donde acudir, ¡qué se yo! A una ONG, a los indignados, a la Iglesia,
- Cielo, cielo, tranquila, cálmate, no empieces a decir tonterías. La Iglesia es una empresa más de esta gente. Han mamado de la misma teta. ¿Los indignados? ¿Cuáles, esos chavales que se reúnen en las plazas?  ¿Los que se concentran para apoyar y proteger a unos desgraciados de un desahucio? ¿Crees que ellos tienen fuerza para ser tomados en serio? ¿Y de una cosa así que parece ciencia ficción? Creo que estamos ante una realidad demasiado grande para nosotros. Demasiado peligrosa, y demasiado increíble para descubrir este gran secreto.
- Pero yo no puedo vivir con esta verdad callada. Como si nada hubiese ocurrido. ¿Sabes cuántas personas sufren en este mundo por culpa de estos sinvergüenzas, por estos monstruos?
- Pero, ¿qué podemos hacer nosotros, pobres inútiles, frágiles e indefensos? No somos ningún David ante Goliat que podamos vencer. Mi vida, somos el primer desgraciado que sucumbe a las fauces del tiburón como en aquella película. Somos basura para ellos, peor aún, somos una pequeña hormiguita, nos estrujarían con su dedo pulgar y no conseguiríamos más que perder la vida.
- No puedo, no puedo – decía moviendo la cabeza-, no puedo permanecer como si nada. Mucha gente lo pasa mal, muere, están sujetos a su voluntad. ¿Sabes lo que decían? Que les da lo mismo hacer una crisis que una guerra, sólo quieren dinero para sus placeres, sufra quien sufra, caiga quien caiga.
- Pero sólo has escuchado a uno de ellos. De este monstruo desconocemos sus patas.
- Paco, es una pesadilla. Pero, ¿en manos de quién estamos?
- Mi amor, vamos a la cama, quizás mañana lo veas de otro modo. Lo que sí vas a hacer es despedirte de la empresa, tengo miedo por ti.
- No, quiero verlos cerca, quiero investigarlos. No me quedaré quieta, no puedo, no debo.

Dejó la novela sobre la mesilla de noche. Estaba interesante la historia. Pero era demasiado tarde y estaba cansada. Mañana terminaría. Deseaba saber cómo acababa todo.

Por la mañana, en el desayuno, escucha las noticias. Es 25 de abril, el vicepresidente del gobierno está hablando sobre el paro.  Vaya, ha aumentado un 4%.

Aquel tipo soltaba un rollo:

- Tendrán que comprender los trabajadores que si es preciso, habrá que estar dispuesto a ir donde sea necesario, hasta…

Y acabó ella la frase

- Laponia.

Se le atragantó la tostada y quedó paralizada con el café en la mano.

- ¡Dios! pero ¿qué significa esto?




viernes, 27 de abril de 2012

sábado, 7 de abril de 2012