martes, 5 de mayo de 2009

Nació en una familia obrera


Nació en una familia obrera en los años 50 con poco espíritu intelectual y escaso interés político, por lo que los libros que había en casa eran limitados, reducidos a un catecismo, algunos cuentos que nunca supo cómo llegaron allí y una Biblia con lomo dorado que compraron a plazos a algún vendedor a domicilio. Quedaba bien como decoración y te regalaban un pequeño atril de madera. La verdad es que no sólo no había libros, sino que los huecos de la estantería seguían siendo huecos después de que algún jarrón u objeto de porcelana rellenasen.

Había poco dinero y éste se debía a otras necesidades más imperiosas.

Esta introducción simplemente para destacar que su afición por la escritura provenía más de su escasamente fructífera imaginación que por su extenso conocimiento en lectura, por lo que sus escritos eran de una calidad mediana y una mediocridad intensa. Es sabido que para llegar a convertirse en un escritor es necesario iniciarse anteriormente en la lectura. No conozco muchos escritores que se hayan convertido en tales sin haber sido grandes devoradores de libros, aunque puede que diga esto precisamente por mi escaso conocimiento en la lectura. Esta ofrece al futuro escritor vocabulario, expresividad, conocimiento sobre la lengua, además de ayudar a la imaginación y fomentar fórmulas que ayudan a definir lo cotidiano con una mirada diferente.

Cuando llegó al límite vital que para muchos hombres suponen los 40, un día, mirando un programa de televisión, de esos estúpidos que sirven para evadirse del cansancio diario, empezó a darle vueltas a la cabeza. No había logrado encontrar aún a una mujer ideal para casarse, sin prisa, pues el reloj biológico para el hombre no presiona en sus decisiones. Pensó en pedir un año de excedencia en su trabajo y poderlo dedicar a escribir aquella novela con la que siempre soñó. Fantaseó con hacerse famoso y rico, además, su vida cambiaría y se convertiría en un hombre atractivo para ese tipo de mujeres inalcanzables que siempre deseó.

Tenía un gran problema, seria dificultad si, como dijimos, su conocimiento lector llegó tarde, con muchas deficiencias, aunque llegó a realizar algunos estudios. Afrontar la creación de una novela supondría un conocimiento, o, al menos, haber aprendido a saber imitar, y, ¿por qué no? a plagiar cierto estilo, recursos lingüísticos que le ayudaran a resolver la ardua tarea.

Muchos escritores lo han conseguido, son expertos en absorber de otros los elementos para desarrollar ideas y frases que se sitúan bien en las novelas, frases llenas de ingenio que otorgan ese modelo expresivo tan característicos de los grandes best.-sellers.

Cuántas veces se había puesto a escribir. Se le ocurría algún relato, más o menos imaginativo, pero atrapar una idea original con un argumento interesante que mantuviera al lector, con ávido entusiasmo hasta el final, era algo que se le hacía inalcanzable.

Tenía que hacerlo, estaba en el límite, hasta aquí había vivido, y, a partir de ahora, utilizaría su experiencia para crear una historia con la que conseguiría que la vida, a partir de ese momento, no sólo fuera vivida sino que comenzaría el verdadero paraíso, la magia que todo el mundo desea y espera, por lo general, banalmente. Unos lo intentan con la suerte y juegan a la lotería o a otros juegos de azar; otros desean conseguirlo llegando a la televisión y convirtiéndose en grandes provocadores. El, sin embargo, había optado por el camino intelectual. La cuestión ahora era resolver ese hándicap que tenía con la lengua y que había adquirido congénita y hereditariamente.

Se llevó los tres primeros meses de excedencia emborronando folios, que llenaba de izquierda a derecha, agotando hasta el último espacio en blanco del folio, pero los resultados eran bodrios. Alguna frase o párrafo ingenioso, pero no iba más allá.

Se tomó en serio esta tarea que tenía entre manos y cada mañana se entregaba sistemáticamente después del desayuno hasta el almuerzo frugal  -pues el acto creativo lo tenía absorbido, extasiado, aunque, desgraciadamente con pésimo desenlace- que retomaba hasta últimas horas de la noche que arrancaba al día.

No lo conseguía, y día tras día, la evidencia de la falta de talento le abofeteaba la cara. Un día decidió tomarse un descanso. Pensó que, quizá un largo paseo, y observar le vendría bien para el acto inspirativo. Una intuición, una chispa creativa que iría prendiendo para lograr su fin. Anduvo calle abajo, y al final de la avenida, en un kiosco, de esos repletos de fascículos y cartones con los que las editoriales intentaban aumentar sus ventas, se entretuvo ojeando qué comprar, a ver si así, se le ocurría algún argumento para su novela. Aprovechó una oferta bastante barata de unas novelas clásicas, y, además, compró una revista, de esas que pretenden ser feministas, pero que repiten los mismos patrones de las mujeres-objeto, pero camuflados en falsos argumentos de “quiérete y dáte esos caprichitos…”. Sí, caprichitos, que por lo general nos gusta a los hombres, y alimentan nuestras fantasías eróticas. Bien lo hemos hecho, logramos salirnos con la nuestra. También compró un periódico que venía con un suplemento dominical y, además, traía unas gafas de sol que imitaban unas Ray-ban ahora tan de moda.

Se fue al parque y allí estuvo echando un vistazo al periódico, a la revista semanal y de chicas. Tuvo un flash, encontró un par de frases geniales, unas en el periódico, otras en las revistas, jugó con combinarlas y la idea obtuvo curioso resultado. Viendo que su estómago se revolvía para llamar la atención, decidió volver a casa para comer. En los pasos de vuelta, de regreso, la intuición se redondeó, “fantástico”, pensó, eureka, la idea estaba comenzando su hervor a medida que iba burbujeando parecía cada vez mejor. Abrió con ímpetu la puerta, corrió hacia su mesa, sacó un bloque de folios y abrió, más bien extendió, las hojas del periódico, de las revistas, de los libros y empezó, como alucinado, a mezclar frases, palabras, todas copiadas de los textos que tenía en frente; no tenía que buscar en su memoria la palabra más adecuada, no tendría que buscar continuamente en el diccionario, ni tratar de decir lo que pensaba, sólo escoger. Escogería la frase bien hecha, la ocurrencia original, los vocablos perfectos y combinarlos. Ellos solos irían creando el argumento, ellos irían desarrollando la novela, y él, sólo iría escogiendo, robando de aquí y de allí, sus palabras serían aquellas, y áquellas acabarían siendo sus frases, redondeando la novela fantástica con la que siempre soñó.

Sonó el despertador, eran las cinco de la tarde, la noche anterior estuvo de fiesta y tocaría un par de entrevistas, una en la radio y otra en la televisión. Además, ahora comenzaría la promoción y tenía por delante algunos meses de viajes, entrevistas y conferencias. Se desperezó feliz, y al estirarse rozó la piel suave de una mujer. Tenía al lado una chica joven y preciosa a la que anoche firmó un autógrafo después de la entrega de premios.

lunes, 27 de abril de 2009

Abrazos


Es lo que tienen los abrazos, que forman cadenas interminables.

Sigue… construye esta cadena ¡que siga la saga! Que nos sobrevivan y quede la magia de tus palabras

No pudo ser mujer Jesús


No pudo ser mujer Jesús que difícilmente iría sólo a un desierto, conociendo la maldad del hombre y los peligros que siempre fueron para la mujer andar sola por esos mundos de dios y más en aquellos tiempos que ni voz tenían sin la autorización de hombre, fuese padre, hermano o esposo. Otros lugares hubiera escogido ella para sus meditaciones, el calor del fogón, amamantando a su hijo, mezclando harina y aguas, semillas y aceites, mirando el hogar para ver si todo estaba ya bien hecho. Otros lugares, digo, hubiesen sido sus desiertos, otros sus milagros pues no andaría pescando ni de rebaños dirigiendo su comunicación con dios, sería callada y de respeto, ni un reproche solitario en el último momento, que ni atreverse pueden decir a su hombre por qué me has abandonado cuando en los dolores del parto sólo mujeres la rodean, cuando sus flujos sanguíneos repelen a todo varón, cuando la consideran impura, indigna de gozos y placeres, pues sus funciones son otras que fueron pensadas para satisfacción del hombre, ellos reyes y ellas súbditos.

Los mundos han cambiado, dicen y pasaron de esto a dejarnos ser reinas de nuestra casa, algunas esclavas, subidas y otras bajadas. Morir por los hombres, menudo sacrificio sólo propio de ellos que poco valor o nada tienen las pequeñas entregas femeninas, los pequeños sufrimientos de nuestros deberes, ¿qué es esto por toda la humanidad? Privilegio sólo para el hombre, las mujeres que lloran, que sufren, que luchan en sus pequeñas cárceles no salvemos nuestros hogares, que ellos se encargan de salvar al mundo, dirigirán nuestros avances a capricho, inculcando ambiguas leyes que también sacarán beneficios de ellos. Ojo, no nos engañemos, hombre o mujer, pene o vulva veamos que tienen en sus adentros, pulmones e hígado, cerebro, sangre y vísceras, y en todo caso algo más ellas, tienen que ver con un espacio para recoger toda la creación, medios somos y medios fuimos, dirijamos nuestros medios y no nos dejemos engañar que el poder creado por el hombre, que las carreteras y caminos por ellos construidos, a veces tendremos que desvariar pues no llevan a sus metas, si al final es para comer del plato que nos ponen, libertad sexual, libertad liberal, derechos para decidir… cuántos favorecen a la mujer como persona sin más. Mujeres pensad también a nosotras nos pudo hablar un dios y enviarnos a su imagen y semejanza a este mundo para salvarlo.

No demonizo al hombre que también es víctima de este invento, que aprendan con nosotras, ayudémosle a ello.

Te dice algo el tema anterior quien habló de belleza femenina no tenía vagina entre las piernas, quien creó la píldora y quien inventó la cirugía estética buscó su beneficio tapándolo con buenas intenciones y muchos complejos. Unas intenciones que se vuelven en nuestro benefició, ¿seguro? Decidamos nosotras, valoremos costes y beneficios, pensemos en nuestros intereses no egoístas sino de respeto a nosotras mismas y caminemos acertando a veces y equivocándonos otras, pero capitanas de nuestro velero.

Que Jesús fue mujer, sí que pudo ser, pero seguro que Dios no, que además de ser hombre, misógino, también que vaya cómo se cebó con la mujer, que donde el hombre goza, a la mujer le da dolor, menos mal que llegó la apidural, beneficio nunca gratuito, padecemos de desajuste por ellos intestinales, nuestro sistema circulatorio, nos juega unas pasadas, la alegría de los hijos que ofrecemos a esos padres orgullosos, dejan sus cunas reblandecidas y dilatadas cuando no resquebrajadas y eso no es todo, nuestros pechos, fuentes de vida no se abren como ríos fluyendo pendiente abajo, sino que arrastran pedruscos que arañan nuestra piel hasta sangrarlos. Todo y más aguantan nuestros cuerpos con la mirada condescendiente de ellos, es que son unas fuertes, y un huevo encima, esa responsabilidad nos echan, perfectas por dentro y por fuera de espíritu sensible y tierno, remanso de su descanso, encima cachondeo.

Por qué me pongo cremas, por qué me impregno ungüentos, por qué me reconstruyo los pechos, por qué arreglo mi vientre y caderas, por qué me cambio por dentro, me digo, lo hago por mí misma. Respuesta a esta última, no nos engañemos, guardamos el secreto para otras, no tratemos de negar la evidencia, qué hermosa veo a esa anciana, su blanco pelo, sus ojos aún con brillo, su sonrisa al viento…

Qué masajes subrepticios, qué acuerdo tácito hay que toda mujer, llegada a cierta edad corte ese elemento erótico que es su cabello.

viernes, 14 de noviembre de 2008

martes, 23 de septiembre de 2008

Actos reflejos



Sobre la mesa de la cocina, entre pieles de cebolla y ajo, mezclados con los restos del desayuno, sus folios, en los que caóticamente iba escribiendo ideas de historias, relatos que le iban viniendo a la cabeza.

Fregaba los vasos, platos y demás utensilios. Era un día con fuerte viento de levante, normal por aquella zona.

De pronto, la puerta de la cocina se cerró bruscamente y, como un virus, el miedo entró en su cuerpo, acelerando su pulso. El viento la agitaba con insistencia, pareciendo querer advertirle de un peligro.

Pensó que, como había abierto las ventanas para ventilar las habitaciones, la fuerte corriente habría provocado el cierre violento de la puerta. Su imaginación comenzó a trabajar y recordó mil historias horrendas que, a diario, se escuchaban por los medios de comunicación: asesinos, violadores, psicópatas, ladrones… Quería continuar con sus tareas y restar importancia al asunto. Recordó que, al lado de casa, trabajaban unos albañiles que tenían una grúa. Sin racionalizar pensó que fácilmente alguien podría haber entrado por la ventana de su dormitorio.

Quiso salir de la cocina, subir y cerciorarse de que todo era producto de su fantasía, recreándose en aquellos episodios que inoculaban miedo en nuestras vidas; pero no se atrevió; incluso a través del cristal tupido y acuoso de la puerta le pareció ver algún reflejo, se sintió paralizada, y del miedo pasó al pánico, controlando sus pensamientos, inmovilizándola, aterrorizándola, vio moverse el picaporte de la puerta, le faltaba el aire, sudaba frío y sintió un fuerte dolor en el pecho…

No fue a recoger a los pequeños a la salida del cole. La llamada que recibió su marido del colegio avisándole, le alertó de que algo pasaba.

Cuando entraron a la vivienda, en la cocina, junto al fregadero, yacía el cuerpo sin vida de su esposa y en su rostro se dibujaba una expresión de horror. No tenía señales de violencia y el forense dictaminó que el motivo de la muerte había sido un infarto.

Terminó su relato, se sintió satisfecha y continuó con las tareas domésticas; agachada, barriendo debajo de la mesa, alguien la agarró por detrás cortándole el aire, apretando fuertemente su cuello, forcejeó, y en su lucha, lo reconoció, era aquel hombre, el trabajador de la casa de al lado.

viernes, 23 de mayo de 2008


La plaza estaba repleta de gente, con esa imagen bulliciosa, alegre, festiva de una bonita noche de verano.

Los tenderetes de chuches, jugueterías y globos exhibiéndolos como un reclamo a los niños que tiraban de la mano de sus padres pidiéndole algo, lo que fuera, unos con mimo, otros con rabietas, al final la mayoría con su propósito en las manos.

Los vendedores ambulantes de artesanía étnica con sus bellísmos abalorios y algunas prendas veraniegas y camisetas con bonitos estampados y coloridos, y alguna frase simpática.

Los músicos callejeros amenizaban con sus instrumentos improvisando conciertos, otros con su ritmos grabados cantaban viejas canciones de verbena, la melodía pachanguera y festiva ofreciéndose todos ellos como un todo burbujeante y explosivo.

A un lado de la plaza una barra de bar ofrecía tapas variadas y bebidas que sacaban muy frías de las neveras. La gente se apiñaba alrededor de la misma y alguna que otra mesa, con sillas para los mayores. El camarero sacaba la cervecita con las pequeñas gotitas del frío, la abría con el abridor que colgaba de su pantalón. ¡Una de pincho! Gritaba un chaval desde atrás. El queso y el jamón, las aceitunas, los filetitos y pinchitos morunos, pescaditos fritos, pijotas, cazón en adobo, acedías, como un baile desfilaban a lo largo de la barra entre brazos disputándose tan ricas viandas.

Los niños correteaban alejándose de sus padres, que reclamaban continuamente su presencia, no iros muy lejos, les decían. Y ellos, una vez más, se retiraban, subiéndose a los bancos, tirándose por los suelos, y sólo se acercaban para pedir con insistencia algún helado o paquete de patatas. Anda, cómete un filetito y ya cenas… Sin embargo, se escapa para seguir con sus juegos, lamiendo un rico helado que le chorrea por la, en otro momento, limpia camisa.

Las parejas jóvenes con sus pequeños, los viejos sentados en sillas o bancos observando y recordando sus fiestas de antaño, cuando había tan poco, pero con tan poco se disfrutaba, y, ahora, cómo gastan, qué derroche, aquel, mira como tira el paquete de patatas, estos niños hoy tienen de todo.

Los más jóvenes se mueven en grupo y chicos y chicas lucen sus cuerpos con atrevidas vestimentas, ellos con sus bromas torpes, ellas riendo escandalosamente, aprendiendo el juego de la seducción.

La noche es de esas noches fantásticas de verano, donde la piel calentada por el sol durante el día siente, con agrado el frescor de la noche agradable, dulce noche de verano, sin apenas aire, y, al acercarse la madrugada los mayores se echan algún abrigo. Los niños, exhaustos se agarran a los padres pidiendo brazos, y, algunos acaban dormidos en el regazo de sus madres, que los tapan con un jersey

Los tenderetes empiezan a recoger, las tiendan van colocando los tablones cerrando sus puestos, los músicos hace rato que se fueron, los más jóvenes han cogido otro rumbo donde continuar la fiesta. Poco a poco la plaza se va quedando más sola. Los últimos en recoger son los camareros, que, cansados, amontonan sillas y las pocas mesas, guardan los restos en cámaras frigoríficas, limpian el mostrador y se despiden hasta mañana. Ya sabes, mañana llama a los de Cruzcampo y compra en la cooperativa el pescao y encarga más carne a Manolo, no vayas muy tarde, no vaya a ser que no tenga suficiente.

La plaza, antes alegre y ruidosa, ahora tranquila y melancólica, con los restos de la batalla, apenas unos rezagados que ya se despiden.

La escena se reproducía cada atardecer, hasta la madrugada. La memoria del jolgorio y felicidad de aquella noche, era ahora recogida por los barrenderos y los coches de riego, que el ayuntamiento contrataba cada verano iban refrescando las calles. Algún transeúnte camino de su descanso, todo cerrado, silencioso, las luces de las farolas menguando la luminosidad del cielo estrellado de esta hermosa noche de verano.

miércoles, 21 de mayo de 2008


Del partido del sábado le quedó un regusto amargo. El tres a cero y su pierna rota. Ahora que comenzaban las vacaciones era previsible un aburrido verano, sentado en el sofá y tragándose los refritos de programas y las archirepetidas series juveniles. Sin embargo, cualquier guión siempre es alterado, una palabra, unos signos de puntuación, un borrón o una nueva introducción. Nunca puedes asegurar todas las variables de aquello que creemos seguro.

La ventana de su habitación veía la esquina del balcón de enfrente. Aquel edificio gozaba de una posición ventajosa, la visión maravillosa de la playa. Él, por el contrario, tenía ese estúpido balcón, cerrado con su cartel, “se alquila”.

La rotura, resultado de una postura complicada y una tonta caída, lo tenía inmovilizado con esa escayola-robot -por lo de los tornillos-, eso sí, muy ilustrada por bromas y dibujos de sus amigos.

Pidió a sus padres que le colocaran la cama lo más cercana a la ventana; al menos, las noches de verano se encontraría más fresco, porque, además, el calor producía picores en su pierna, y se veía buscando cualquier objeto para poder introducirlo en su escayola, y rascar y rascar agobiado por el calor, maldiciendo su mala suerte. Tenía todo a su alcance, ordenador, mando de la tele, su aparato de música; poco a poco fue cogiéndole gustillo al asunto. Tampoco se estaba tan mal. Mamá lo cuidaba de maravilla, le traía manjares exquisitos, estaba solícita a cualquiera de sus deseos, incluso aquellos que en ciertas ocasiones le había negado, algún cigarrillo o alguna cerveza. Los amigos venían y le traían noticias de sus salidas y divertimentos, se reía con ellos, pero cuando marchaban se venía abajo, agobiado por la perspectiva de aquel duro y amargo verano.

Aquella mañana se despertó sobre la una, durmió más de la cuenta porque fue una noche muy calurosa y la pasó con continuos despertares. Al abrir las cortinas su madre, lo primero que observó fue que el cartel de “se alquila” del balcón de enfrente lo habían quitado y una señora estaba limpiando ventanas y rejas. Comenzó a despertar su curiosidad pensando quién ocuparía aquella casa, seguramente, alguna familia de veraneantes, con niños coñazo y un montón de gente, primos, hermanos, cuñados y cuñadas y a lo mejor el abuelo y la abuela, que no habían podido dejar en alguna parte.

Estuvo todo el día esperando ver aparecer a toda esa gente. La señora que parecía ser la dueña, que adecentaba el piso para los nuevos inquilinos, cerró las ventanas y no hubo más movimientos en todo el día. Aquella noche durmió inquieto y esta vez, no por el calor, lo que hace el aburrimiento. Se sentía emocionado, dándole vueltas a la cabeza, “¿quién vendría a pasar las vacaciones a este pequeño pueblo en la bahía de Cádiz?” Cuando su madre entró en la habitación con el desayuno y corrió las cortinas, y levantó las persianas, como cada mañana, eran las once de un hermoso día de comienzo de julio. Este verano prometía, aunque no se podían descartar los terribles días de levante y poniente que estarían por llegar. Miró con gula la bandeja y se incorporó como pudo. “Mamá, pónme el cojín en la espalda, por favor”. Su madre le dio un beso y le preguntó cómo había dormido. “Bien”, era su respuesta impulsiva. Después, por lo general, protestaba por el calor, la incomodidad, etcétera. Hoy no quería entretenerse, estaba impaciente, por observar la casa de enfrente.

Estaba metiéndose la tostada en la boca cuando le quiso parecer ver unas piernas sobre la barandilla del balcón, repleta de toallas, que le impedía ver quién se ocultaba tras ellas. No distinguía bien, parecían de mujer, se sentía nervioso y deseoso de que esa posible mujer se levantara y se hiciera presente a su vista. El sol proyectaba toda su luz y calor de esta hora cercana al mediodía. Quién estaría ahí sentada tomando este dulce baño de sol mañanero. Se aproximó todo lo que pudo a la ventana, cuando, con un sobresalto, retiró su nariz de los cristales. Alguien se levantaba, primero vio sus cabellos de un negro brillante recogido, y, como un bebé cuando nace, una vez vista la coronilla, todo afuera. Ahí, como una diosa, surgiendo de ese mar de toallas, ella, joven y hermosa. Me miró, me sonrió y levantó su bonita mano en un saludo. Mi corazón se convulsionó e impulsó la mía en un gesto rápido y nervioso, moviendo mis labios en un “hola” algo gritón.

El verano tiene esa magia, la luz, el aroma, la brisa del mar, el calor ejerce ese poder en nuestro espíritu, generando la sensación prometedora de tiempos mejores y, sobre todo, presagiaba que el guión podría modificarse. Abrió la ventana y la naturaleza siguió su curso.

lunes, 28 de abril de 2008

Escribía en cuartillas


Escribía en cuartillas que se despegaban de una libreta, a las que tenía que numerar para no perder, confundir o mezclar los párrafos.

Cuando retomó los escritos para leer lo producido, buscando el comienzo comprobó con extrañeza que sólo aparecía una carilla de la segunda cuartilla escrita por una cara y parte de otra cuartilla; la supuesta primera cara de la cuartilla por ningún lado. De pronto, un temor y angustia se apoderó de él, ¿y si en ese embargo de escribir las ideas que iban fluyendo su bolígrafo había estado moviéndose en el aire, los giros y precisos pasos de la escritura sin apoyar su tinta sobre el papel? Aquella parte quedaría perdida para siempre en el aire, espacio imposible de encontrar todas esas letritas desaparecidas en esa mezcla de gases, cómo hallarlas, verlas o cazarlas de nuevo.

A partir de ese momento se obsesionó y dedicó toda su vida a la búsqueda de aquellas letras que había creado y se habían perdido, puede que alguien las hubiera raptado, o quizás fueron ellas que escaparon de su control.

Colocó carteles por la zona donde vivía, después pidió ayuda a la comunidad y anunció esta desaparición por Internet, sin ningún resultado.

Nunca nadie dio con ella, sólo absurdas llamadas, bromas dolorosas que sólo hicieron provocarle mayor sufrimiento y decepción. Lamentó no haber tenido la rara costumbre de usar rotulador fluorescente, así, en la oscuridad podría haberla visto en la inmensidad de la noche.

No quiso resignarse, pero la vida debía continuar, y él estaba perdiendo mucha energía y también dinero en esta búsqueda, en la que no encontró apoyo solidario, alguna colaboración de algún programa televisivo, que sólo pretendía subir la audiencia, y algunas personas, generosas, que se ofrecieron a colaborar desinteresadamente; hasta que el aburrimiento y el cansancio les vencieron.

Su vida cambió radicalmente desde aquella desaparición, abandonando para siempre su afición por escribir relatos. Cada mañana se sienta frente a la ventana, con la vista agudizada, esperando que la luz del día, le traiga aquellas manchitas de tinta que un día escaparon de su boli para no volver.

sábado, 19 de enero de 2008

Coherencia

Desde pequeño fue un contestatario. Cuando la huelga de estudiantes, le pilló en la universidad, él estaba allí. Cuando comenzó su vida laboral, la primera visita después de su contrato fue a afiliarse a un sindicato. Se manifestó con pancartas cortando la SE- 30 para protestar por las condiciones pésimas de su barrio. Incluso, para causas que no le afectaban, él estaba allí: astilleros, mineros, trabajadores de telefonía, todas aquellas personas que luchaban por derechos que él consideraba justos, nunca falló, él estaba allí.

No era el típico protestón sin causa. No fue rebelde sin ella cuando era joven. Ni siquiera fue un bebé llorón. Eso sí, su madre le decía que siempre salió en defensa de amigos y hermanos. No se creyó salvador de nadie, pero su responsabilidad hacia los demás la tenía muy asumida.

Un día le venció la muerte. Cuando su féretro lo conducía hacia su viaje final, el coche fúnebre tuvo que parar al encontrarse dentro de un atasco provocado por una manifestación de trabajadores de funerarias, que reivindicaban mejores condiciones salariales. Y él estaba allí…

jueves, 13 de diciembre de 2007

viernes, 16 de noviembre de 2007

En el siglo XXI no entiendo la monarquía. A estas alturas hemos evolucionado en el reconocimiento de los derechos humanos, aunque aún tiene que seguir progresando, como digo, no entiendo que unos señores sean considerados superiores, sea por lo que sea, a otros seres humanos.

No entiendo que un país deba mantener la figura e institución monárquica, pero no por rechazo a esas personas u otras en concreto, que a veces sí, sino porque racionalmente no veo una explicación lógica a su existencia. Y no me valen los babosos defensores y los envidiosos detractores. Sólo desde una posición críticamente elemental, desde el conocimiento intelectual, científico, tecnológico, del desarrollo y del saber global de la humanidad, ¿cómo podemos seguir siendo tan primitivos, arrastrados por emociones dignas de estudios, de gente que aún inclina rodilla ante todo ese escenario de príncipes, princesas, reyes y reinas, infantas e infantes de toda esa cohorte de la nobleza? Dios, esta palabra es políticamente incorrecta desde la perspectiva actual, es una aberrante, incongruente de la discriminación positiva en este caso por “cuna”.

Y yo me pregunto, ¿por qué unas personas que legendariamente se hicieron con un poder a base de guerras y matanzas, de chanchullos y artimañas y peor aún, de ignominias, ceden ese poder (no sólo representativo sino también social, económico, político y sutilmente religioso, o al menos, moral y ético) a sus generaciones futuras? ¿Por que somos tan absurdos?

Yo sólo entiendo la autoridad ejercida democráticamente por señores o señoras elegidos gracias a un voto libre, pero aquí entramos en otra entelequia, ¿cuánto de libres somos a la hora de saber elegir en qué manos dejaremos las decisiones de nuestras vidas, de nuestro futuro y cuántas veces en pro de la armonía aceptamos ingenuamente ser siervos de un señor?

Si miro atrás en la historia pienso, ¡qué poco hemos cambiado! Aún siguen existiendo clases, aunque sociólogos, políticos, estudiosos varios, deban decir que todos los seres humanos somos iguales y ya incluso se va incluyendo algunos del reino animal. Y en este punto de desarrollo y progreso una extensa población rinde honores a coronas y pompas destelleantes de un mundo quizás imaginado en nuestro inconsciente colectivo y fomentado por cuentos y sueños de grandezas del que sólo como espectadores, la mayoría, nos tocó vivir. ¡Qué se le va a hacer…! Pues mira, pues pensar con base en el sentido común, que hoy en día, por lo que veo, es el menos común de ellos. Hablemos al otro desde el respeto, pero de tú a tú, sea padre o madre, jefe o jefa, don o doña (coñazo de lenguaje políticamente correcto), majestad, hombre por fin me vale con un adjetivo.

El poder, con el beneplácito de la sociedad, generalmente ha ido marcando distinciones desde elementos tan superfluos como la moda. Hasta reverencias y boato, que den relevancia a su poseedor. El elitismo es hoy en día un elemento tal de poder que ríanse los medievales, al menos la pobreza igualaba más al pueblo y la opulencia no era tan manifiesta ni evidente, existía cierto pudor, no siempre, de alardes de poder, quizá por miedo más que por respeto. Sin embargo, ahora, te refriegan los pedazos de vida de la que disfrutan esta gente, por supuesto, que también sufren, enferma y mueren. Faltaría más, pero en estas desgracias humanas también tienen ventaja. Mejores psicólogos, abogados, médicos, profesionales que ponen a su servicio todos sus conocimientos, con los mejores lugares para superar los malos momentos.

Y mientras, al resto, los que, encima tampoco podemos quejarnos, porque si miramos alrededor somos privilegiados.

Estamos al otro lado, en el sofá de casa, con la baba medio caída y la “envidia sana”. Pero, no importa, nosotros tenemos las maravillosas ofertas, créditos y demás ventajas como el anonimato, para ser felices. Oye, que una también puede, hoy en día, disfrutar de ciertos placeres. El lema de hoy, machaqueo incesante desde la publicidad, la política, los asuntos económico y hasta doctores de la ciencia, es ¡tú puedes hacerlo! Con esfuerzo puedes hacerte rico, ¿seguro? ¿Y legalmente? Vaya, es que soy una mierda que no me esfuerzo lo suficiente.

Pero mi consuelo, no sin cierta mala leche, es que los ricos e importantes también lloran y las infantas y princesas también se divorcian, y para que nadie tenga que mandar callar nadie, respeten todos el turno de tiempo, y si no que aprendan del programa 59 segundos, y cierren micrófonos.

miércoles, 14 de noviembre de 2007

Más de lo mismo

Patrimonio de los ricos

Un ligero vistazo a las páginas de revistas muy conocidas nos da una idea del elitismo consumista que se ofrece a la población en general. Para muestra, un botón: un teléfono móvil de pasarela, se anuncia como reclamo para “las fashion victims ya tienen un nuevo objeto de deseo”. Un modelo de diseño por tan sólo 650 euros. Quien tenga oídos que escuche y quien tenga ojos, que vea, porque, como dijo mi cuñado “ojos que no ven, mierda que pisas”.

ONGs

Con intenciones muy loables, la moda y sus correligionarios se apuntan y vuelcan con este fin. Artistas (actores y actrices principalmente), deportistas, ¿cómo no? Modelos, y famoseo en general. Sólo una cuestión, ¿qué parte real de las ventas de esos productos (camisetas, joyas, perfumes…) llegaran al objetivo para los que han sido creados? Sólo una pregunta más, y ¿cuánta publicidad gratuita reciben estas marcas y sus diseñadores? ¡Nunca la publicidad fue tan barata! Colabore con un ONG y los dividendos serán rentables.

Seamos solidarios sin dejar de ser escrupulosos, que aprovechen su imagen para conseguir ayudar a quien lo necesita está muy bien, pero ¿cuánto se aprovecha su imagen?... Si ya obtienen grandes beneficios simplemente con la promoción y publicidad que reciben, ¿por qué no dar toda la ganancia del producto a dichas ONGs? ¿por qué no, mejor, fabricarlos en aquellos lugares, pagando sueldos de aquí?

jueves, 8 de noviembre de 2007

Viviendo

Mirar hacia el frente
Andar el camino
Siguiendo la senda
Haciendo desvíos.
Abriendo ventanas,
Quitando cerrojos
Hasta llegar a la puerta
Donde todo es posible.
Sembrando árboles,
Quitando rastrojos,
Recogiendo flores,
Percibiendo olores de mar.
Machacando tu cuerpo
Con el polvo del camino,
Limpiando tu alma
Con lluvias y viento,
Bañándote en lagos y ríos.
Ensuciándote de barro,
Golpeado por granizos,
Mirando al horizonte
Donde aún no divisas el sol.
Cargando con piedras,
Librándote de heridas,
Apoyándome en ti.
Descansando en tus brazos,
Hasta que encontremos
La vieja Alejandría,
Donde los deseos de los hombres de bien
Pueden ser posibles:
Correr como el aire,
Andar despacito,
Extenderme sin miedo,
Saltar y brincar,
Bailar contigo,
Poder mirarte a los ojos
Sin apretar músculos,
Flotar y cabalgar
Sin mayor deseo que buscar tu boca.

mar de contradicciones

Soy un mar de contradicciones.
Soy un río y estoy seca.
Soy baja y estoy harta.
Soy un torbellino de tranquilidad.
Limpio mi cuerpo cada día
Y estoy siempre hecha un asco.
Mi piel huele a vainilla
Pero tengo fétidos fondos.
Y olvido todos los recuerdos
Para estar felizmente triste.
Me hundo para quedar en la superficie
Y floto en las profundidades de mi dolor.
Nado en el desierto de mi vida
Cada mañana
Para ahogarme en el valle de mi muerte,
En el atardecer,
Apagando la lluvia con fuego de lágrimas,
Eliminando lo que al final me quedo.
Y manteniendo las sonrisas que marcharon cuesta abajo
Con esta oscura luz que encendió aquel amanecer de noviembre.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Merlovier busca inversor para una idea original y transformadora. Una nueva filosofía en el mundo de la moda. “La moda interactiva”.

Merlovier pone la idea pero necesita su inversión.

Para más información póngase en contacto con merlovier2006@yahoo.es

Dada la peculiaridad y la originalidad del proyecto Merlovier se reserva los derechos de exclusividad intelectual y se requiere extrema confidencialidad

domingo, 4 de noviembre de 2007

Hasta la juventud es patrimonio de los ricos.


Leo un articulo en una revista que trata aspectos principalmente de la psicología humana, que habla de la cosmética de “alta estética”. Cremas que rondan los 300 ó 600 euros, con componentes mágicos a base de caviar, babas de caracol, ácido hialurónico, retinol y términos y sustancias innombrables (por su dificultad terminológica). Estos componentes que son prodigiosos, por lo visto no lo son tanto, pues van variando sucesivamente con innovadoras sustancias que sí poseen ese poder rejuvenecedor, hasta el próximo elemento lanzado. Actualmente ha aparecido el oxígeno, me suena…

Estas mágicas cremas que te quitan tantos años de radicales libres, horas de sol, falta de sueño, mala alimentación, cólicos del lactante y sobre todo pésima genética; cremas que te quitan todas esas capas que guardan tu memoria de vida y sólo reservadas para un nivel impensable. Pero no sólo se trata de una crema, también tenemos perfumes, complementos, telas maravillosas que caen como un guante, estilizando tu figura. Claro, la de esta gente que sin necesidad de dietas y gimnasios, moldean gracias a la ciencia, que también se rinde a sus pies (¿cómo no?, ¿quién no quiere al dinero?). Estas revistas no olvidan tampoco el cuidado de la mente con la gimnasia oriental, relajantes spas (verdaderas virguerías propias de mundos soñados, esponjosos, flotantes, burbujeantes, masajeados y chocolateados), ¡que vaya precios tienen los lindos lugares!

Y yo me pregunto, ¿todo este mercado se puede mantener con unos pocos que alcanzan ese nivel adquisitivo? E imagino que habrá de lo mismo para los de la cima, pero ya a niveles que ni siquiera puedo soñar. ¿Y son tan pocos?, o nos hacen creer que podemos gozar de esos placeres y formar parte de ese glamour, de ese mundo de aureola divina, de vidas maravillosas, de gente guapa e inteligente. Pues sí, lo consiguen machacando los espíritus más libres y críticos, aprovechándose de complejos y envidias. Porque, ¿para qué si no se inventaron los créditos? Tú también puedes comprarte un jakuzzi, en una piscina de un hermoso jardín, de un chalé adosado en una zona “de categoría”. Tú también puedes tener un Mercedes o un BMW, y un garaje para guardarlo. Y también gracias a la proliferación de pequeños créditos inmediatos para esa operación de estética, ese viaje, ese vestido ideal, esa crema que te pondrás y aparecerás jovencísima, muy joven, casi como tu hija pequeña. Oirás, “¡Estás estupenda! Pareces mucho más joven”. Y ocultarás tu edad para no tener que escuchar la fatídica frase: “te conservas muy bien”. ¿Cómo no sucumbir ante esa extensa oferta? El viaje de tus sueños, la crema de tu diva, el perfume que te transformará en la más seductora mujer, capaz de conquistar a un alto ejecutivo o al mismísimo príncipe. Conseguir un cuerpo diez con arreglitos y cirugía; lo que sea para obviar tu vida normalita: tus salidas de fin de semana, como mucho algún viaje cerquita, tu cremita de supermercado, tu agua de colonia, tus dos horas semanales de gimnasia que no ayudarán a transformar ese ancho de cadera o esos pechos algo caídos, donde, al final tienes que enfundarte la faja fantástica anunciada en televisión que un poco más y te aprieta hasta el cuello y los tobillos.

No podrás escapar de la dura realidad, los amigos y anónimos, los familiares y hasta el espejo te dirán que eres una espléndida señora de cuarenta o cincuenta años, porque no sé dónde radica la diferencia, si es algo tan sutil como la mirada, pero lo que está claro es que estas señoras, por muy maravillosas que estén nunca podrán pasar por chicas de veinte e irremediablemente cuando escuchen las voces hipnotizadoras sabrán que las primaveras se vuelven a suceder y el otoño también llega y que la vida es maravillosa sin tener que ser comprada, es bella, dura, cruel, fantástica, para todos, pero… ¡joder, algunos se lo montan genial!

La publicidad son escaparates golosos para cubrir pequeñas frustraciones que señalan que ahí se encuentra la felicidad y a ver quién es lo suficientemente fuerte para vencer tanta presión.

Juventud, belleza, dinero, éxito, poder, felicidad… es un círculo perfecto que se cierra sobre sí mismo, rodeando a los otros seres que no podrán entrar ni salir nunca de él.

ONGs

Surgieron tímidamente, unas pocas conocidas, con la imagen de personajes carismáticos que otorgaban dignidad y fiabilidad a las mismas.

Comenzó a ponerse de moda, que, llegando las emotivas Navidades, proliferaran como champiñones. Aparecían en esta época y todo el mundo se olvidaba de ellas hasta el año siguiente. Pero, poco a poco fueron metiéndose en nuestras vidas y en nuestras conciencias y empezaron a formar parte de la cotidianeidad. Abarcaban cualquier asunto, desastre y desgracias humanas, causas perdidas, mundos olvidados, causas ecológicas, salud, alimentación, niños abandonados, niños trabajadores, síndromes de down, discapacitados, guerras y desastres naturales, niños pobres, mujeres maltratadas, hombres esclavizados. Ayuda para el débil, para el enfermo, para el discriminado.

Convenían a los gobiernos que podían despreocuparse aunque haciendo la vista gorda a asuntos quizás no tan limpios, y dejar la responsabilidad en manos, a veces, no tan limpias, ni a conciencias tan altruistas.

Convenía a las organizaciones el dolor humano, la destrucción del planeta y, con todas estas penalidades, se lucraron más de uno. Los estados se ven liberados dejando que de algunos asuntos molestos se haga cargo la población a través de las ONGs en pro de la solidaridad, descargando de este modo los presupuestos.

Los deleznables que saben sacar partido de la buena voluntad y de la tranquilidad de conciencia de la gente, los sinvergüenzas y delincuentes que encuentran en las organizaciones el encubrimiento necesario para sus bajas intenciones ven en ellas el modo perfecto de enriquecer sus bolsillos, añadiendo más dolor y daño a aquellas desgracias. Cuando salen a la luz ciertos fraudes, no se sabe bien si a veces por venganzas ocultas o por la investigación y el trabajo honesto, es lo peor, bueno, lo peor es el daño causado a tantos inocentes, pero la desconfianza que se crea es aún más destructiva porque es difícil restablecer la fe y la confianza de los ciudadanos en el bien de todas estas causas.

Y los gobiernos ocupando sus recaudaciones de impuestos en asuntos más propagandísticos...
Hace poco surgieron noticias del fraude de una conocida ONG y estos últimos días oímos en los telediarios la triste noticia de una ONG que pretendía traficar con niños no se sabe bien si para sacar dinero con adopciones, para el tráfico de órganos o su venta a una red de pedófilos. No sé cuál es la reacción de cada persona, muchas pertenecemos a una u otra ONG, algunos continuaremos confiando y pensando que no todo el mundo es igual, pero, ¿cuántos abandonarán sus causas y romperán y anularán su pequeña, mediana o gran cuota? ¿cuántos niños, personas en general, causas más que justificadas, quedarán de nuevo desprotegidos? Por eso, cuando salta este tipo de desgraciadas noticias, no sólo se desprecia la acción que llevaban a cabo, sino que se destruye y se lleva, con su torrente de residuos otras y, probablemente, hermosas intenciones. Y de nuevo volvemos la espalda a gente que sufre y seguirán sufriendo en vano. Aliviábamos tan sólo un poco de sus desgracias, pero ya ni siquiera eso.

martes, 8 de mayo de 2007

Elvira tiró calle abajo, camino que cada mañana cogía para ir a tomar su desayuno. El bar que estaba al final de la calle, justo en la esquina, frente a unos grandes almacenes.

Antonio, el camarero del bar mostraba amabilidad y quizás algo de lástima por esa chica. Él había llegado a la ciudad desde su pueblo natal, una pequeña localidad de León, apenas de trescientos habitantes, cuando la despoblación, lo convirtió en un pueblo fantasma, con algunos viejos que se negaban a abandonar sus casas, sus animales, sus tierras, sus recuerdos, sus muertos, sus vidas. Eran pobres, era inculto, las escuelas quedaban lejos y el trabajo diario ocupaba sus días. Algunas fiestas que marcaban el ritmo de los años y el de sus historias personales. De vez en cuando un entierro, alguna boda y cada vez menos bautizos. Juegos, amores, desengaños, luchas.

Se hizo un zagal fuerte y bien parecido, tenía la ilusión de vivir mejor que sus padres, sacar más provecho de su vida, no pensaba morirse de asco en aquel triste pueblo. Había varias zagalas que habrían sido buenas madres de sus hijos.

Antonio no sabría decir si era feliz allí. Sólo se acuerda del aire, del olor a tierra, del lento pasar de los días, sin apenas alardes de felicidad. Con la necesidad directa de vivir sin más, pobres pero dignos. No quería eso para él. No quería repetir la dura vida de sus padres. Allí no habría incertidumbres, tendría lo suficiente, se casaría, tendría hijos y repetiría, día a día la misma cotidianeidad.

Andrea lo quería, pero él un día cogió algunas pertenencias y marchó con el dulce recuerdo del abrazo de su madre y la frase seca, pero tierna que machacaba su mente. Ahora en la distancia: “Antonio, recuerda quién eres”.

El matrimonio que regentaba el Bar Estrella, lo había acogido como a un familiar, lo cuidaban y, en fechas señaladas, si no marchaba de visita al pueblo, lo invitaban a comer con ellos.

No ganaba mucho, ni vivía mejor allí en su pueblo, a veces dudaba de si hizo bien en marchar. Había alquilado una pequeña habitación con el mínimo de enseres y elementos básicos, un oscuro baño sin ventilación, con una pequeña placa de ducha y, detrás de una cortina, se hallaba el fuego y un pequeño fregadero. El sofá hacía también de cama y el máximo lujo que se permitía era una pequeña librería con algunos libros que iba comprando en los bazares o mercadillos de segunda mano. También era un lujo un pequeño frigorífico que, en verano tenía doble función. Cuando, en las insoportables noches de calor, abría su puerta para refrescar algo el ambiente.

Un día, cuando volvía a casa, encontró tirado en la basura un televisor. Siempre había sido mañoso, pensó que quizá podría arreglarlo, pero ni siquiera hizo falta. A la pequeña televisión no le pasaba nada, bueno, sólo se la podía ver en blanco y negro. Pero algunas noches, con una cerveza, un paquete de patatas y una buena película podía decir que era un hombre feliz. Es curioso, en su pueblo nunca tuvo ese pensamiento, y teniendo más motivo. Sin embargo, era ahora cuando necesitaba robar esos momentos de felicidad, con esta vida rutinaria de la ciudad, su soledad ante el mundo, su casa oscura y mínima, su gris paisaje, un sucio y escandaloso ojo de patio, de donde le llegaban retazos de las vidas ajenas. La frase, “hijo, recuerda quién eres!”, su identidad, se diluía como el azúcar en su café. Ya no era Antonio el del Chopo, ni saludaba a nadie conocido, ni tenía familia con la que charlar por las noches en la mesa comedor acerca de las tareas del día.

Elvira ha entrado en el bar. Antonio y ella se saludan. Antonio pone la taza bajo la máquina de café, coge una tostada y se la ofrece. Ella le mira agradecida y le comenta el frío que ha pasado esa noche. Elvira es una chica inmigrante, vino aquí al mundo civilizado y desarrollado desde su mundo inundado de pobreza y guerra, dolor y sufrimiento, con la ilusoria esperanza de un paraíso prometido. Pero detrás de esa imagen, que alguna vez vio en el televisor allí en su país, de los cantos de sirena que escuchó de otros que marcharon un día y ahora contaban de sus vidas mejoradas y sus economías engrosadas, ella no encuentra su sitio, no halla ninguna salida, ni vida mejor en este inframundo donde ha aterrizado. Vive de aquellos que se consideran alguien, que tienen nombres, trabajo, que tienen casa llenas de amor de una familia y que la consideran indigna. Es la morenita, la tía guarra, la puta, es nadie, un producto de consumo, sólo basura.

Estos seres tristes que salieron en busca de un mundo de primera, que vinieron de vidas de segunda y tercera, hoy rotos sus sueños, pero intactas sus esperanzas porque se niegan a volver a lo que dejaron, malviven en cuarto mundo. Aquí, además de pobres, han perdido su dignidad, su singularidad, son individuos anónimos.

Antonio la protege, por eso Elvira y él se tratan como personas, despojados de bienes, la necesidad de seguir sintiendo el orgullo de ser alguien para el otro.

lunes, 7 de mayo de 2007

Fue, como cada domingo, por la mañana al kiosco de costumbre; el que está al final de la calle Júpiter, salida a la Avenida Luís Montoto. Por lo general, los fines de semana se levantaban tarde y ya había cerrado la papelería que ese matrimonio simpático regentaba cerca de su casa, frente al Más y más.

Con el sol pegándole en los ojos y el desayuno todavía estacionado en la boca del estómago, cruzó, sin mucha dificultad, los domingos, la avenida estaba menos congestionada, apenas transitada, casi desértica. Pidió el periódico, el que trajera mejor oferta, aunque la inclinación política de alguno le repateaba bastante, o como mínimo le hiciera sonreír con desaprobación leyéndolo en el water.

Aquel día, conociendo los gustos de su mujer, escogió aquella revista que traía el semanal donde la chica de la portada, con una blanca y fingida sonrisa anunciaba trucos de belleza. Antes de marcharse preguntó, al no verla en el stand, por su revista musical preferida, su pasión de siempre, que no le había dejado estancado en aquellos grupos de su época.

Bien equipado de lectura le dijo a su mujer:

- Cariño, voy al baño, ¿tú quieres que te deje algo?

Cuando bajó, dejó la lectura sobre la mesa de la cocina y comenzó a conversar con su mujer. Salió el tema del trabajo y de su asunto con Diego, el tío pelota de turno de todo trabajo que se precie. El asuntillo de cuernos de Enrique con la chica nueva de la copistería. En esta sobremesa de domingo, nada mejor que airear las preocupaciones y presiones laborales, chanchullos y miedos, aversiones y simpatías hacia compañeros y jefes. Toda una jerarquía que pasaba revista como base de una conversación tranquila y despreocupada a veces y alterada o apasionada en ciertos asuntillos donde generalmente discrepaba con su pareja, como la infidelidad, la cuestión de la homosexualidad de Paco, o la ligera de cascos de Irene. Los estereotipos marcados y bien definidos en ese micromundo de su trabajo.

Bien despachados, ella comenzó a preparar la comida, él puso la televisión. Andaba distraído cuando escuchó una voz conocida que decía:

- Cariño, al final, ¿hago la tortilla?

“¡Dios, me estoy volviendo loco! Tengo alucinaciones. Pero, ¿qué veo, qué escucho, qué es esto?”

- ¡Carmen, ven a ver esto! ¿Qué hacías tú en la televisión? ¿Qué clase de interferencias son estas?

Empezó a cambiar de canal y las otras cadenas andaban con sus temas, menos la cadena nacional. El presentador hablaba de un experimento sociológico. Sus ojos se salían de sus órbitas, incrédulo, permanecía atónito a lo que podía ser la peor pesadilla de su vida. Cuando despertó su mujer gritaba, le mojaba las mejillas, casi lo agitaba.

- ¡Manolo, por dios, despierta!

Yacía sobre la cama y un señor, al que identificó enseguida por su aspecto y por su estetoscopio que colgaba de su cuello con el médico. Con voz complaciente y amable y cierta condescendencia infantil, le decía:

- Ahora debe tranquilizarse y descansar. Le he inyectado un Nolotil que hará que se sienta mejor. Y cada ocho horas se toma un Lexatín.

No entendía nada y lo escuchaba como en una nube, y apenas acertó a preguntar,

- Pero, ¿qué me ha pasado? No recuerdo nada.

Casi como en susurros, el médico miró a su mujer y le dijo:

- Mejor así…

Como si de pronto te quedaras desnudo ante un auditorio o te pillaran en una mentira, o te grabaran lo más íntimo de tus vivencias, una cámara oculta. Esto fue exactamente lo que le había ocurrido. El cerebro de Manolo, algo mareado, iba comprendiendo cómo, cruelmente, se había convertido en sujeto de un experimento excepcional e innovador de gran trascendencia, protagonista absoluto de sus vergüenzas ante la humanidad, y especialmente ante sus conocidos. Una mezcla de vergüenza, pánico, terror, confusión… estaba desnudo frente al mundo. Desnudo y no mostrando precisamente sus encantos físicos sino su alma, su mente, su fragilidad humana.

No puede ser, esto es de locos, no entiendo nada. Sentía sus pulsaciones acelerarse y su mujer le acercó un vaso de agua junto con un lexatín.

Eran las nueve de la noche, se armó de valor y le dijo a su mujer que quería ver las noticias. No se rindió ante la negativa insistente de ella, que le aconsejaba que no lo hiciera. Tuvo que gritarle para que cogiera el mando y le dejara tranquilo.

Tenía que enterarse, enfrentarse a toda esa vorágine que se le venía encima. Cogió un cigarrillo, aunque él nunca fumaba, sólo en ciertas ocasiones, en el nacimiento de sus hijos, en la enfermedad de algún familiar, en la boda de su hermana…

Se sentó en el sofá, elevó el volumen del televisor y sin querer perder ni un detalle fijó la vista en la pantalla en el momento que el fondo musical anunciaba el comienzo del telediario.

- Buenas noches. El Instituto de Investigación e Innovación Científica, el I.I.I.C., gracias a los avances tecnológicos está llevando a cabo un estudio científico, en el contexto de una investigación más amplia que aportará grandes beneficios para afrontar el terrorismo y la violencia en el mundo, en colaboración con el grupo editorial Terra y la productora Globalmusic,

El presentador relataba el gran avance tecnológico y de gran interés social y político que este experimento pretendía. A modo excepcional en la distribución rutinaria de revistas, en un solo ejemplar y de manera aleatoria, se había colocado una milimétrica y plana microcámara, en la mirada de la modelo de la portada. Este imaginativo mecanismo había descubierto su gran fiabilidad y validez generalizable para asuntos de control en beneficio de los ciudadanos de bien y para la seguridad del Estado.

Al día siguiente proliferaron los debates sobre, no sólo la patente validez, sino su influencia en las personas generando en ellas el factor miedo. El mayor control de la delincuencia conseguirá relajar a la población de tanta inseguridad.

La imagen proyectada de su cocina, trazos de su conversación mantenida con su mujer, al menos habían eliminado los momentos más íntimos. Mira que más de una vez había comentado que llegaba a sentirse a veces incómodo con la mirada de los personajes de las portadas. “¿pues no que parece que te están mirando?”. La paranoia es tal que la imaginación ha sido superada por la rotunda e irrevocable realidad.

Pocas opciones tiene para mañana, decir que se encuentra mal es una tontería. “Me despreciarán y se reirán de mí. No podré mirarles a la cara. ¿Cómo eludir aquellos comentarios?”. Su cabeza daba vueltas a cómo poder afrontar la dura papeleta de encontrarse con sus compañeros de trabajo.

“A veces me siento seguro y me repito que «pues bien, ya que saben qué pienso de ellos, no tengo que verme obligado a fingir más» y tendré total libertad para expresar lo que quiera y sienta”.

- ¡Pero, es que no dije nada bueno de nadie. No se escapó ni uno de mis críticas!

“Nadie querrá hablar conmigo”. Estos pensamientos negativos se apoderaban de él, sintiendo terror a enfrentarse a ellos.

“Me pregunto, ¿soy ahora más yo? ¿o al perder mi privacidad, mi intimidad, he dejado de ser?”

- Suerte mi amor, ya verás, no será tan horrible. Al fin y al cabo tú sólo has sido la muestra de lo que, en el fondo, todos piensan y todos hacemos en realidad. Te comprenderán.

- Sí, claro. Tendrán lástima de mí y me invitarán a un café.

- Bueno, cielo, ¡ánimo! Piensa que yo te quiero tal como eres.

Montó en su coche, puso la radio, había un debate con el tema polémico del fin de semana. De lo ético o no de estas actividades. Opiniones a favor y en contra. Expertos, políticos, sociólogos, psicólogos, y famoseo gritaban, discutían, se pisaban argumentos. Nadie decía nada de él, utilizado como conejillo de indias. Lo que importaba era el debate social, que se planteaba intimidad sí o no. Llamen al … Su vida destrozada, su derecho a la intimidad pisoteado, todo era válido por el bien común, por el fin del terrorismo mundial. Pero la gente ya nunca estará segura de no estar siendo observada, como el Gran Ojo de Dios, estarán vigilándolos y así seremos mejores personas. La verdad te hará libre. Los excesos matan

Apagó la radio y puso el cd último que había bajado de Internet. La canción quedó fijada cuando se estampó contra aquella valla publicitaria que decía: “Protege tus derechos, el desconocimiento mata. Informate-ya.com”

martes, 21 de noviembre de 2006

Hay una nueva figura en el mundo televisivo, por la dichosa "carrera de audiencia" y es el provocador de turno . Consiste en un personaje, que, haciendo honor a su denominación, trata de provocar a la audiencia ofreciendo opiniones controvertidas y ¡esta es la cuestión! Provocar la controversia, el debate, la agitación de las conciencias colectivas, de la diversidad de opiniones y no precisamente por temas sesudos, sino por nimiedades o pretendidas cuestiones que se suponen, implican e interesan al gran público. Que a su vez, son pequeños públicos que discuten, debaten, mandan mensajes y ponen en marcha todo el negocio, que, al final, realmente interesa: ¡mover dinero!

Este personaje cuenta, necesariamente, a su vez, con otro miembro, que va templando, o también, e incluso, aviva la llama de la polémica (la morfología del timo, y del "incauto" que a veces no tiene una loable intención). . Estos personajes que rodean al provocador, aportan opiniones, llamémoslas "políticamente más correctas", que no son más que la opinión de la media convencional, que abarca a personas prudentes, educadas, que rechazan la violencia verbal y física, las racionales, pero, también, las conservadoras, las ñoñas, las personas que ni entran ni salen y hasta las que rechazamos estos programas. Rechazamos por todo lo que llevan implícito y significan, por todo el juego sucio que se mueve alrededor, manipulación, dinero, control y atontamiento de las masas, proyectando una imagen de un mundo perfecto que lucha, motivado y responsable. O también una imagen de un mundo terrorífico, duro y cruel, en el que hay que luchar

¡Y una mierda!, su único fin es vender bien un producto para sacar el máximo de beneficios y si encima despistan la inteligencia, mejor para sus propósitos.

Pero lo triste, o quizás no, es que estos personajes tienen seguidores y no pocos, que abanderan la mala entendida sinceridad, o los admiran por su descaro y desparpajo, su frialdad, su mala educación, grosería y borderío. Valores que, si bien, la sociedad debería ofrecer su rechazo, poco a poco, se van situando como valores muy atractivos.

Te tragas su juego sin chistar o poniéndolo en duda, pero al final te sorprende emitiendo ¡tú también! Una opinión aunque sea para decir que todo esto es una mentira programada, pero programada en sus principios, en su progreso y hasta en su final, aunque a veces el plan le salga rana, el tiro por la culata... Pero, oye, hasta a eso le sacan dinero. Es que saben tanto, o nos conocen tan bien, ya ves, el ser humano, cada vez tiene más de ser que de humano. O a lo mejor es lo de humano lo que nos pierde, y estos listillos saben bien qué hilos manejar, porque, qué quieres que te diga, el hombre ha hecho grandes avances en la evolución, ha desarrollado su intelecto, demostrándolo en creaciones maravillosas, pero a ver, quién me saca cuántos genios hay por ahí viendo esta gran mentira, si los pocos que existen se interesan por otras cosas. Al final la mayoría somos bastante tontos, somos presa fácil para ellos ¡y no intento provocar! ¡Bueno, sí, un poquito! Pero tu conciencia y a tu inteligencia.

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. “¡Qué bien le habló! ¿eh? Pero el otro tenía razón. ¡Sí, hombre! Me vas a decir a mí que eso ayuda a triunfar. ¡Pues claro!, si no, díme qué le pasa a Benito, que se lo cree y va avasallando y queriendo comerse el mundo. ¡Oye! Pero, ¿qué quieres que te diga? Un poco de confianza y valoración estimula. Aunque, si te fijas bien, la cuestión está en dar una de cal y otra de arena, ¿no? Pero las medias tintas no llevan a nada. ¡Oye! ¿Y qué opinas tú de la cuestión del proceso de paz? ¡Uy! Es un asunto muy complicado. Más vale que nos tomemos el café que se nos acaba el tiempo del desayuno y el cabrón de Pérez mira el reloj cada vez que entramos. Yo diría que lleva un control y después se lo mete al jefe por el culo. Es que lo dicho, es tan fácil controlarnos y manipularnos que los hijos de puta lo hacen bien. ¡En fin! Vámonos a trabajar que a ver cómo pagamos el colegio de los chicos. Y luego para que te salgan cantantes. Ah, no, para eso me gasto mis cuartos, para que sean libres y cuenten con un buen futuro. Porque a estos los exprimen y después... a la basura. ¡Por cierto!, voy a apuntar en mi agenda que le tengo que comprar esas zapatillas que se llevan tanto a mi crío”

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A veces olvidamos, perdemos de vista cuál es la verdadera intención de estos programas y si bien puedo dilucidar algunos aspectos, habrá otros que seguramente desconozca; hasta creo que lo menos importante es el programa en sí, viendo la CANTIDAD abusiva de publicidad incorporada a los mismos. El fin puede ser que sean vistos, porque de este modo, por añadidura, el negocio será redondo. Pero, ¡ay listillos! No hay la inteligencia perfecta, al menos en este mundo. ¡Esto no tiene arreglo! O al menos es lo que nos quieren hacer creer. La solución está en limpiar tu opinión de tantas distracciones y que caigan en su propia trampa. Intentaré que no me arrastren con ellos.

La libertad sexual nos trajo la utilización de nuestros órganos sexuales. Practicar si no más, sí al menos más libre de convencionalismos y represiones, libre de manipulaciones y engaños. Va siendo hora de reivindicar dar caña al cerebro. Y lo mejor, sin contagio. Ya sabes el lema: “Practica el cerebro seguro, pero practícalo, joder”... Pero cuidado con los miedos, al sexo le salió el SIDA...

domingo, 12 de noviembre de 2006

Dieciséis horas confortables

Dieciséis horas confortables. La larga duración y el color intenso de las paredes, ya está acostumbrado. Deja que tus labios se muevan para soltar un grito, pero estás paralizado. La luz deslumbrante durante horas y horas ciega mis ojos.

Siempre he sido ambicioso, intentaré superarme para llegar al siguiente nivel? ¿Qué sabrá ella de mi dolor?

El techo de cristal, si llegó no lo soportaré y se romperá. Imagina que tienes lo mejor: roja, verde, azul; me hacen ver las cosas de otro color, o con otros ojos. Puedes elegir la forma de tomarlas, pero sólo sé una forma de hacerlo, comienzo por su color preferido.

No debo llegar otra vez. Dicen que estoy mejor. Cuidado. Leen tu mente, pero aún queda mucho por conseguir.

Ahora vuelvo con más fuerza. En el momento de la verdad, veré su fotografía siete años desde su muerte. Historias de naúfragos existenciales, sesiones...

Los médicos cambian los métodos y utilizan nuevas tecnologías. Confío en ellos. Que la crisis acabe y no plantear más problemas; no doy nada por sentado. Ahora, lo que pasa es que soy consciente de ello.

Hay que dejar bastante tiempo para volverla a ver. Cualquier detalle se tendrá en tiempo.

Entramos en la habitación. Todavía no sé con certeza qué método usarán. Pero al ver la foto... Será determinante.

La sesión comienza, suena nuestra música, aquella canción. Método por inundación, o lo supero o me hundo. Se proyecta en la pared nuestra fotografía. Ahí estamos desnudos, sobre la cama, nuestras miradas perdidas... “Cariño, vuelvo a tener la sensación de que alguien nos observa”... Esto duele, ¿o dolía? Con unas pastillas repugnantes he conseguido eliminar el malestar, la sensación de náuseas, un precio que durará muy poco ¡Tu eliges, tú eliges! ¡Déjate de cuentos, todo lo que conocías ha cambiado! ¡Comienza algo nuevo! ¡Por qué van a ganar!

Una mañana nos despertamos y descubrimos que nuestro mundo ya no existe e intentas reservar tu integridad, pero te vuelves frágil, los rayos del sol pretenden darte la energía y firmeza que te faltan. El tratamiento elimina el dolor, pero no te cura el alma de su ausencia. Los poderosos medicamentos, las técnicas y terapias eliminan los síntomas, pero la dureza extrema del dolor está intacta.

Hoy hace siete años. Míralos, nos están observando, Pero ahora no tengo gusanos por mi cuerpo. Ya no confundo la noche con el día, no duermo en la calle pensando estar en casa. Las alucinaciones, el miedo a no encontrarte, corría a casa pensando que te hallaría allí, y todos conspirando contra mí.

Cuando vinieron me preguntaban cosas estúpidas, qué sustancia había tomado, si era drogadicto, si estaba con el síndrome de abstinencia... comencé a maldecirlos, quería arrancarme las agujas y de pronto quedé totalmente inmóvil.

Despierto en una camilla. Había perdido la conciencia. La crisis volvió, otra vez la habitación de color intenso... pero estoy sin ti. Y la vida ya es la nada.

sábado, 11 de noviembre de 2006

Son las ocho de la mañana

Son las ocho de la mañana. Mamá me vuelve a despertar. Es la tercera vez que se levanta para ir al baño. Hace ya una semana que me estoy preparando para salir. Me encuentro más incómodo, pero estoy a gusto. Mamá parece que no tanto.

¿Qué es esto? ¿Qué le pasa a mamá? Creo que ya llegó el momento. Estas contracciones me empujan hacia afuera, tengo miedo, tengo que despedirme de este hogar. No sé dónde voy pero espero que ella esté allí. Veo luz al final del túnel, ¿no es esto lo que dicen los que han estado cerca de la muerte...? ¡Oh, no! Para, yo no quiero continuar. Sin embargo, la fuerza que me empuja puede conmigo, y, como una ventana que se abre salgo a una claridad que me ciega. Oigo voces, pero esta vez no son como huecas, son más agudas. Unos segundos de terror, y la paz, siento su calor, su olor, su voz, posa suavemente sus manos en mi piel húmeda y me siento feliz. Sin motivo sale un grito de mi garganta, es el aire que empuja los pulmones. Son las ocho de la mañana de un bonito día de abril. He nacido.

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Mamá entra en mi habitación. Viene a recordarme que ya es hora de levantarme. Son las ocho. Abro la ventana, luce el sol, es un día que promete. El examen de hoy puede resolver mi vida. ¡Qué ingenuo! Con los años descubres que sucesos como estos no te resuelven la vida, sino que tienes que ir resolviéndola cada día sin descanso. Pero en aquellos momentos, los planes de futuro se resumen en dos o tres cuestiones que te darán seguridad económica e independencia, lo demás ya llegará. Eres joven y disfrutas de la vida.


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Son las ocho de una mañana de sábado. Salgo de la cama y a oscuras la beso donde supongo que está su cara. Le digo al oído. "buenos días" Me dirijo al baño. Al salir ella se mueve aún medio dormida. Abro la ventana, su cuerpo translúcido tapado por las sábanas arrugadas. La miro y echo un vistazo a la calle. El día rezuma vida.

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La veo salir, una con su gran maleta, casi más grande que ella. La otra, con su bello vestido negro. Van de la mano. Nos decimos adiós. ¡Son tan hermosas! Son las ocho de la mañana y la luz del sol humedece mis ojos.

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La noche ha sido muy larga y oscura, el silencio penetrante y doloroso, la soledad infinita. Bajo de la cama y busco la zapatilla que dejé en algún lugar, una de las veinte veces que me he levantado a lo largo de la noche. La cabeza atormentada y la boca seca. Me miro al espejo y rechazo la imagen que veo, vuelvo a mirar, sonrío y me vuelvo a reconciliar con ella. Corro la cortina y me hace estornudar; hace tiempo que estas cortinas no se lavan. Busco las gafas que caí de la mesilla de noche, no están rotas, aunque daba igual. Levanto la persiana hasta el final, abro la ventana, miro el reloj, son las ocho menos cinco de la mañana, al fin ha salido el sol. Imagino la vagina de mi madre abierta como esta ventana y la luz ahí fuera, me espera la vida, esta la he vivido con tantas cosas buenas y malas, ha merecido la pena, sin embargo ya no soporto tanta soledad. Ellas se fueron. Ahí fuera está la luz, aquí sólo oscuridad.

Sólo cinco días de mi vida, una ventana, y la luz. Una vez más las ocho de la mañana, de mi última mañana. Quizás vaya hacia la vida, espero que allí estén ellas.

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Paseo, llueve, he olvidado el paraguas en casa, pero a Salvado y a mí nos gusta pasear bajo la lluvia, oler el asfalto mojado y respirar el aire más limpio. Por suerte la lluvia es fina y tardará en mojarnos, así podremos disfrutar más del paseo.

Hace un año que está conmigo, un año cuando me asomé a aquella ventana y de aquellos tristes pensamientos, que un frenazo apartó. Tendido en el suelo estaba él, el coche siguió su camino, ni siquiera paró para ver. Bajé a la calle y lo recogí. Tenía la pata malherida. Miré sus ojos, estaba sustado y apenas se quejaba. No esperaba nada de mí, al menos nada bueno. Lo cogí en brazos, sentí su cuerpo caliente y sentí la vida. Dudé qué nombre ponerle hasta que al final decidí que le llamaría Salvado. Aunque salvado salvado fui yo. Durante días estuve curándole, así fue cómo decidimos compartir nuestras vidas. Pero esto ya es otra historia que no sé cómo continuará.

viernes, 10 de noviembre de 2006

domingo, 5 de noviembre de 2006

Sapere Aude


Buenas dosis para saber vender un producto y un consumidor despojado de su conciencia crítica. Es un "ratón" fácil de manejar para sus experimentos. Y los resultados podrán llevarse a cabo por el poder desde todos los ámbitos. Es muy difícil librarse de esa manipulación. Sólo desde nuestro conocimiento crítico, cuestionando, valorando, las verdaderas pretensiones, de las distintas opciones que nos ofrecen.

Sólo nuestra libertad, nuestra confianza, en que podemos y debemos decidir por nosotros mismos en un pensamiento casi científico, pseudocientífico, de toda la información que nos llega. Utilizar el propio proceso científico. Saber orientar bien nuestro conocimiento emocional, alimentándolo con el saber, con las informaciones que vengan de diferentes sitios, de diferentes entornos y sociedades, con una mente abierta que salga de nuestro contexto. Porque hay más mundos que el que conocemos o el que nos hacen creer. Por ello, utilicemos sus medios en nuestro beneficio. Seámos libres para decidir.


Pero limpiemos bien esa palabra de tanta porquería acumulada a lo largo de la historia. Que no nos engañe nuestro cerebro, que no nos engañen nuestros sentidos y mantengamos críticos nuestro sentido común. Aunque no sé bien qué significa esto de "común". Porque no quiero pensar que sea común con el resto, con nuestro grupo, con nuestra sociedad. ¡Vaya, qué fácil es engañarnos!

domingo, 29 de octubre de 2006

la manipulación o el deseo


Los valores de una sociedad siempre han sido construídos desde las perspectivas personal, familiar, social, cultural e incluso geográfica. El ámbito familiar, hasta no hace mucho, ha sido el de mayor fuerza en esa formación de valores. La situación actual es distina por diferentes razones.

Primero, la familia ha desviado esta función hacia el entorno escolar (aquel que más se adecúe a sus principios)

Segundo. El poder económico que dirige nuestros deseos hacia un fin

Tercero. La presión mediática, grandes avances tecnológicos y en los elementos de distribución y acceso a la información.

El menor queda indefenso ante la gran avalancha de información debido al gran desarrollo de los medios de comunicación, desde la publicidad a los distintos elementos socializadores, que nos llegan a través de los avances tecnológicos.

Pero también el adulto ve modificado su criterio (como pensamiento crítico y que cuestiona la información que le llega).

El poder económico no dirige sólo los grandes capitales de las sociedades actuales, también hacen negocios, también realizan actividades financieras desde elementos tan poco monetarios como nuestros deseos, convicciones, pensamientos, decisiones, personalidad... Sutil, y a veces, descaradamente, nos van despojando de nuestra opción a elegir, haciendo ver que elegimos nosotros mismos. No es una mano negra, ni una mano invisible, pero, como suele ocurrir, la ciencia se une al poder, en principio, por necesidad. Pero el poder es el que orienta la investigación hacia sus intereses.

La psicología, una ciencia que comenzó a tenerse en cuanta en el siglo pasado, sabe bastante de todo esto, como un elemento científico más, prestándo al poder elementos, investigadores, de control. ¿Qué, si no, de la información subliminar? ¿qué del condicionamiento? ¿qué del machaqueo de imágenes que taladran nuestro cerebro? ¿qué del hipnotismo? ¿qué de los lavados de cerebro? ¿qué del conocimiento químico y fisiológico de nuestro comportamiento? ¿y qué de nuestro lenguaje lógico y emocional?

jueves, 19 de octubre de 2006

sociedad hipócrita

Cuando mostramos una cara perfecta (retocada por ordenador), esa bella y perfecta mujer de cuarenta años que nos dice lo bien que le va esa crema para cuidar su cutis, y qué suave tiene su piel, sin celulitis, tersa, ese culo prieto y ese pecho terso; esa madura mujer es una modelo que probablemente tenga apenas veinte años o incluso una adolescente.

Cuando envejecer parece hasta ofensivo, una lacra para la sociedad, una epidemia que debemos erradicar.

Cuando valoramos ese cuerpo de mujer aniñado no estamos siendo cómplices de esos animales que negocian con niños, con niñas, que utilizan a menores para saciar sus deleznables fantasías sexuales. No siempre debidas a tristes enfermedades. Muchos no son enfermos, ni son incultos, ni son víctimas ni sus vidas, son espléndidos hombres con vidas exitosas, poderosos, padres de familia, buenos ciudadanos...

Valorar la juventud, todos la añoramos por las posibilidades que nos permitía, valorar la belleza, pero, ¿qué es la belleza? ¿No es una opción personal ?


...


Esa mujer, que me mira en la portada, más parece una niña, un cuerpo juvenil, cargado de sensualidad, esa niña me mira seduciéndome... Y me sorprendo con una erección


...

¿Ves como cualquiera puede caer en esa hipocresía, en esa trampa, en ese juego peligroso de deseos y fantasías?

miércoles, 18 de octubre de 2006

(des)encuentros

Su piel era fresca y brillante. Tenía un bonito tatuaje en el culo.

Bailaba en la jaula, movía la cabeza de un lado a otro bajándola de golpe, tendiendo toda su larga melena negra.

Dio la vuelta, giró la cintura hacia la derecha, extendiendo el brazo izquierdo hasta la punta de su zapato de tacón alto derecho, mostrando todo su hermoso culo hacia todos los que la mirábamos embelesados.

La música cambió de canción y miró al público lanzando un beso marcando los labios rojos exageradamente en un coqueto mohín. Fue sustituida por otra chica menuda rubia.

Bajó las escaleras moviendo sus caderas y se dirigió a la barra, pidió un gin-tonic. Me acerqué y me senté a su lado, la miraba disimuladamente hasta que ella me miró y preguntó: ¿qué haces aquí? Me intimidó que se dirigiera a mí con tanta naturalidad. Apenas acerté a decir, ¿me preguntas a mí? Vi que me mirabas allí abajo y te has dado prisa para acercarte. Me pareció un poco descarada, pero había algo en su aspecto que eliminaba esa fría y casi antipática actitud y la convertía en una mujer muy atractiva.

Nuestra conversación fue avanzando por terrenos cada vez más provocativos.

Inclinó su cuerpo hacia mí, elevando sus pechos firmes y prominentes, rozando mi brazo... me estremecí.

Bueno, ¿me invitas a otra copa antes que suba de nuevo? Por supuesto, me envalentoné. Si quieres puedo invitarte a todas las que quieras después de tu actuación. ¿Qué te parece? Hizo una señal al camarero; otra Víctor, el señor me invita.

Bebió un par de sorbos y marchó para la pista. ¡Mírame! Me dijo con voz sensual. Este baile te lo dedicaré a ti.

Sentí excitarme por momentos, deseaba sujetarla por la cintura y besarla. Era extraño, pero en aquel instante, si estuviera en mi mano, hubiera eliminado a toda aquella gente que ahora la miraban bailar. Quería disfrutarlo sólo para mí.

El juego de luces insinuaba su figura provocando mi deseo. Así estuve sin dejar de observarla, haciéndole el amor con la mirada. Los movimientos de ella parecían entender mis pensamientos.

Elevó su pelo sobre la nuca. Echó su cabeza hacia atrás, y antes que me diera cuenta, despareció.

La busqué con la mirada desesperadamente entre la gente y, al no verla, fui a su encuentro, pero dos gorilas me impidieron la entrada al pasillo de los camerinos.

Las limpiadoras realizaban su faena como cada día en la oficina. Ana y Mª Carmen llegaban a las ocho de la mañana y marchaban a las doce del mediodía.

Habitualmente, yo disfrutaba de mi asqueroso café de máquina y mi dónuts. A esta hora de la mañana ponía en orden la mesa que la tarde anterior había dejado hecha un desastre, papeles por todos lados, carpetas abiertas y otras amontonadas.

Hoy, sin embargo, sorbía lentamente mi café pensando en ella, dudaba si la noche anterior había sido un sueño o fue una bella realidad.

Ana pidió permiso para entrar.

Sí, pasa, ¿quieres que me salga? No molesta, señor, no se preocupe.

... Sí, qué maravilla de mujer, qué cuerpo, qué voz más dulce. No dejaba de pensar en ella mientras la chica de la limpieza hacía su trabajo.

Tenía ya 45 años. Había tenido algunas aventuras esporádicas y una novia formal que acabó marchándose con un compañero de trabajo mucho más joven, hace cinco años. No había vuelto a enamorarse y no se iba a enamorar ahora, a estas alturas, y menos de aquella mujer que trabajaba de gogó en un club nocturno. Sería inmigrante, quizá tendría un chulo al que mantendría clandestinamente. Prefería así apaciguar su deseo.

Absorto en sus pensamientos, a veces dulces, a veces amargos, creía tenerla y la perdía antes de empezar.

Pasaba la mopa por el suelo Ana y quitaba el polvo de las estanterías, tiraba las colillas del cenicero y lo miró de reojo. Sonrió amargamente. Míralo, pensó, ni siquiera me mira. Ana era una mujer de 30 y pocos años, estaba separada y tenía dos hijos. Era una mujer hermosa y bastante atractiva, que quedaba oculta debajo de esa bata horrorosa de color celeste hospital, ese pelo recogido en una cola y esas feas y anticuadas gafas, porque no podía permitirse el lujo de comprar un par en Alain Affelou.

Lo amaba desde hace mucho tiempo, casi desde que entró a trabajar en la empresa hace dos años. Acababa de separarse de su marido que la dejó deprimida, desesperada y sin saber cómo poder ganarse la vida. El trabajo en la oficina ayudó a poder pagar la hipoteca y poco más. De modo que aquella tarde de sábado, de compras en el Carrefour aquel viejo amigo de la adolescencia se le acercó. Estuvieron intercambiando las frases típicas, tomando un café, cuando le ofreció esa oportunidad de incrementar sus ingresos y poder vivir con mejores condiciones.

Pero tú sabes qué edad tengo, ya no soy ninguna jovencita. A dónde voy, si ya me cuesta encontrar otros trabajos que no exigen demasiado ni física ni intelectualmente. Nadie quiere mujeres ya de más de 30, el mercado sexual ha rebajado los límites. Chico, ahora se llevan las lolitas. Mírame, ¿tú crees que puedo provocar a alguien como no sea lástima?

Ana, tienes que valorarte más y creértelo. Eres una mujer preciosa. Hazme caso, ven esta noche y probemos, a ver qué tal te va.

Le constó muchas lágrimas, vergüenzas e imaginar que podía hacerlo. Las compañeras la arroparon y le enseñaron algunos trucos para calentar el ambiente. Pónte un tatuaje de pega en un lugar estratégico y ya verás que los vuelves locos. Le aconsejaron...

Ya ves qué hombre, en qué pensará, se dijo ella mirándolo.

¿Te queda mucho, Ana? No señor, recojo esto y ya me marcho.

Ana se inclinó hacia el suelo para recoger algunos papeles arrugados que él tiró la tarde anterior. El miró su trasero y... siguió ensimismado en sus pensamientos.

lunes, 16 de octubre de 2006

solidarios

Crees que vives bien, te puedes permitir una casa y un par de coches, algún que otro viaje, pagar los estudios de tus hijos. Bien, párate y engorda con toda la basura que te den y además debes estar agradecido, porque mira esos desgraciados que nos muestra la televisión, las vidas horrendas que relatan los periódicos.

La televisión nos atonta con programas, publicidades, noticias que forman y dirigen nuestros deseos, programados hacia tres fines:

- ser más ricos, a ser posible famosos o populares.
- ser bellos y jóvenes
- comprar

Nos venden una falsa felicidad
Nos anestesian con banalidades y algo de concienciación humanitaria y ecológica
Nos atrapan con hipotecas
Nos lavan el cerebro hacia un derecho laboral de risa y entramos voluntaria y alegramente convencidos de que no puede existir de otra manera.
Eso será porque ellos quieren y no se lo impedimos

Solidarios unidos hacia las ONGs para reivindicar los derechos del hombre sobre el planeta empezando desde aquí...

Ella, al menos, pudo elegir




http://www.intermonoxfam.org/




¿Qué estamos haciendo con los privilegios de las sociedades de los países desarrollados? La grotesca exhibición del consumismo, es injusto el derroche material, el culto a la belleza y juventud eternas. No nos engañemos, ser solidarios nos pone cerca de ese dolor universal, pero sucumbimos al engaño del poder. Al final la solución sólo radica en los poderes económicos que no permitirán que todos tengamos las mismas oportunidades.

Esta modelo representa a lo que la sociedad aspira: moda, belleza... Y tiene la misma imagen que la pobreza más absoluta. Antes, la riqueza significaba opulencia, mejillas sonrojadas y buenas carnes. Ahora, ni los más ricos se libran de la tiranía: todos somos infelices. La desfachatez llega al límite cuando se viaja como turista a estos países que se parecen a los pobres, pero que son exóticos, cuando un joven de éxito va a la vendimia como terapia para el estrés...


domingo, 8 de octubre de 2006

Prepárate, mundo de la moda

Somos un grupo de diseñadores de diferentes objetos. Pero estamos intentando entrar en el mundo del textil. De las camisetas. Buscamos posibles patrocinadores que crean en nuestro sueño. Merlovier promete la identidad y promete la comunicación.